LA UNIVERSIDAD NACIONALCATÓLICA La reacción antimoderna Dirigida por LUIS ENRIQUE OTERO CARVAJAL La Universidad nacionalcatólica The Figuerola Institute Programme: History of Universities The Programme “History of Universities” of the Figuerola Institute of Social Science History –a part of the Carlos III University of Madrid– is devoted to improve the overall knowledge on the high-learning academic institutions, since their inception in the Late Middle Ages, until our days. The Programme uses an interdisciplinary approach, and it is open to all branches of related knowl- edge, such as the history of institutions, of science, and of cultural and social events. A number of experts from several countries have participated in the Programme, bringing in their specialized knowledge and dedication to the subject of their expertise. To give a better visibility of its activities, the Programme has published in its Book Series a number of monographs on the different aspects of its academic discipline. Publisher: Carlos III University of Madrid Book Series: History of Universities Editorial Committee: Manuel Ángel Bermejo Castrillo, Universidad Carlos III de Madrid Gianpaolo Brizzi, Alma Mater Studiorum - Università di Bologna Elena Hernández Sandoica, Universidad Complutense de Madrid Francoise Hiraux, Université catholique de Louvain Manuel Martínez Neira, Universidad Carlos III de Madrid More information at www.uc3m.es/history_universities La Universidad nacionalcatólica. La reacción antimoderna Luis Enrique Otero Carvajal (dir.) UNIVERSIDAD CARLOS III DE MADRID 2014 Historia de las Universidades, 34 © 2014 Autores © 2014 Agencia Efe, para la fotografía de cubierta Venta: Editorial Dykinson c/ Meléndez Valdés, 61 – 28015 Madrid Tlf. (+34) 91 544 28 46 E-mail: info@dykinson.com http://www.dykinson.com Diseño: T aller O nce ISBN: 978-84-9085-033-6 ISNN: 1886-0710 Depósito Legal: M-16790-2014 Versión electrónica disponible en e-Archivo http://hdl.handle.net/10016/18911 Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 España 7 ÍNDICE Introducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1. La edad de plata y la renovación de la universidad española: Luis Enrique Otero Carvajal . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 2. La universidad nacionalcatólica: Luis Enrique Otero Carvajal . . . 3. La Física y las Matemáticas en la universidad nacionalcatólica: Luis Enrique Otero Carvajal . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4. La Química y la Farmacia en la universidad nacionalcatólica: Luis Enrique Otero Carvajal . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5. La Biología y la Geología en la universidad nacionalcatólica: Luis Enrique Otero Carvajal y José María López Sánchez . . . . . . . . . . . . . . 6. La Medicina en la universidad nacionalcatólica: José María Ló- pez Sánchez . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7. La Filosofía en la universidad nacionalcatólica: Rubén Pallol Tri- gueros . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 8. La Historia, la Historia del Arte, la Paleografía y la Geografía en la Universidad nacionalcatólica: Rubén Pallol Trigueros . . . . . . . . . . . . . 9. La Filología en la universidad nacionalcatólica: Rubén Pallol Tri- gueros . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 10. El Derecho Político en la universidad nacionalcatólica: Javier San Andrés Corral . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9 15 69 131 191 259 317 477 535 685 775 ÍNDICE 8 11. La Economía y el Derecho Mercantil en la universidad nacional- católica: Javier San Andrés Corral . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 12. El Derecho Civil, Derecho Procesal, Derecho Penal, Derecho Ca- nónico, Derecho Romano y la Historia del Derecho en la universi- dad nacionalcatólica: Gutmaro Gómez Bravo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Epílogo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Bibliografía . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Los autores . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Índice onomástico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Índice general . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 897 963 999 1007 1057 1059 1095 INTRODUCCIÓN La Universidad nacionalcatólica, la reacción antimoderna es una obra que pretende realizar un análisis de los postulados ideológico-políticos de la dic- tadura franquista en los años cuarenta, a través de la configuración de la uni - versidad española tras el fin de la guerra civil. El material fundamental de es - tudio han sido las oposiciones a cátedras universitarias durante el ministerio de Ibáñez Martín, entre 1939 y 1951. Tras el fin de la guerra civil y el proceso de depuración iniciado durante la contienda y finalizado en la inmediata posguerra la continuidad de la ac - tividad científica y del espíritu con el que nació la Junta para Ampliación de Estudios –JAE– fue imposible. El carácter ultramontano y reaccionario que alimentaba el llamado bando nacional veía a la JAE, al ideario que la inspiró y a sus hombres como enemigos y causantes del mal que se pretendía extirpar a sangre y fuego. Fueron innumerables las voces que retomaron con renovada virulencia las críticas que desde los sectores más conservadores de la socie - dad española se habían pronunciado desde su nacimiento contra la misma. La separación definitiva de la Universidad de catedráticos, auxiliares nu - merarios y profesores temporales –auxiliares, ayudantes y encargados de curso – destruyó el tejido científico que a lo largo del primer tercio del siglo XX había permitido el despegue de la ciencia en España y la renovación de la universidad española. Se desmantelaron escuelas científicas con la expulsión de numerosos catedráticos en plena madurez de su obra científica e intelec - tual. A ellos les siguieron sus discípulos y ayudantes, jóvenes prometedores, que auguraban la continuación y consolidación de las líneas científicas de sus maestros. Se actuó sin piedad y con saña, sin importar el coste para la estruc - tura científica del país. Fue un golpe irreparable para las expectativas abiertas con la JAE de ins - taurar un sistema científico capaz de reintegrar a España al panorama de la ciencia internacional. Una auténtica sangría de la que la ciencia española no se recuperó y cuyas consecuencias se proyectaron a lo largo de la segunda mi - tad del siglo XX. El coste fue abrumador, se perdió un valioso capital humano del que España no estaba sobrada. La consecuencia fue evidente, un retraso 9 INTRODUCCIÓN 10 de decenios que sólo comenzó a repararse con el restablecimiento de la demo - cracia tras la muerte del dictador. En paralelo a la depuración del profesorado universitario, la dictadura del general Franco puso en marcha el nuevo edificio de la educación, en concor - dancia con los postulados ideológicos del Nuevo Estado sobre la base de un catolicismo antiliberal y antimoderno que cristalizó en el nacionalcatolicis - mo, santo y seña de identidad del nuevo régimen. La influencia del catoli - cismo en los gobiernos del general Franco quedó expresada en el control de dos ministerios clave para afirmar su control sobre los postulados ideológico- culturales de la dictadura: el Ministerio de Educación Nacional y el Ministerio de Justicia. Tras el cese de Pedro Sainz Rodríguez el 28 de abril de 1939 como mi - nistro de Educación Nacional, el 9 de agosto fue nombrado nuevo ministro José Ibáñez Martín, destacado miembro de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas –ACNP– y de Acción Española. José Ibáñez Martín ocupó el cargo hasta el 18 de julio de 1951, al que sustituyó el también católico y miembro de la ACNP Joaquín Ruiz-Giménez, y fue quien controló la creación de la universidad nacionalcatólica de la dictadura, aplicando una ley que, no obstante, se había aprobado entre el cese de Sainz Rodríguez y su nombra - miento. En el interín las funciones del ministerio las había desempeñado el ministro de Justicia, Tomás Domínguez Arévalo, conde de Rodezno y la ges - tión diaria corrió a cargo del subsecretario nombrado por Sainz Rodríguez, Alfonso García Valdecasas, catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Salamanca y, posteriormente, de Madrid. Y con ellos al mando el 14 de abril de 1939 fue aprobado el Proyecto de Ley sobre Reforma Universitaria, que expresaba el modelo de Universidad propugnado por la dictadura: “ Los fines a que específicamente está llamada la Universidad son: a) Desarrollar en toda la juventud estudiosa aquellos fundamentos ideales de la Hispanidad, base de la cultura auténtica española y del sentido tradicional y católico de nuestro pensamiento imperial.” Cuatro años después del inicio de la guerra civil el número de cátedras vacantes se había multiplicado, poniendo en riesgo el restablecimiento de la vida universitaria: fallecimientos, asesinatos, jubilaciones y, sobre todo, el devastador proceso de depuración que había expulsado de la Universidad a cientos de profesores, obligaban a reconstruir con rapidez el profesorado universitario con el fin de garantizar la reanudación de las clases. Fue el mo - mento apropiado para prosperar académicamente por parte de aquellos que LA UNIVERSIDAD NACIONALCATÓLICA 11 desde primera hora se habían incorporado a la sublevación, en un momento en el que el proceso de depuración no había culminado y numerosos catedrá - ticos y profesores universitarios se encontraban en el limbo jurídico de unos procesos de depuración sin culminar, por lo que su reincorporación a la Uni - versidad estaba en suspenso. Sólo aquellos que habían superado con éxito el proceso de depuración podían optar a ocupar una cátedra universitaria. Sin haber finalizado el proceso de depuración se realizaron los primeros concursos de traslado de cátedras, solo abiertos a los profesores fieles a la dictadura. De esta forma se ocuparon las cátedras vacantes más anheladas, las de las principales universidades españolas y en particular las de la Univer- sidad Central de Madrid. Mientras unos profesores, sospechosos de desafec - ción al gobierno de Franco esperaban sentencia sobre su futuro académico y se jugaban la expulsión definitiva de la universidad, otros, impulsados por sus méritos patrióticos, ascendían vertiginosamente en el escalafón, en ca - rreras académicas prodigiosas, impensables antes de 1936. Paradójicamente, en esos primeros concursos de cátedras quedaron una buena parte de plazas vacantes: tal era el vacío creado con la depuración y el exilio, tal el clima de sospecha hacia los aspirantes que deseaban incorporarse a la universidad, que los vencedores de la guerra prefirieron dejar algunas de las cátedras va - cantes a pesar de las necesidades urgentes del país por renovar su profesora- do universitario. La ley de 29 de julio de 1943 sobre ordenación de la Universidad espa - ñola sancionaba la visión de la Universidad y la Ciencia que caracterizó a la dictadura franquista, articulada sobre la base de un nacionalcatolicismo pro - fundamente alérgico a la Modernidad, a la que se consideraba responsable de la secularización del saber y de la desvinculación de ciencia y religión. La apuesta de la Universidad de Franco fue el retorno a una época idealizada y mistificada que enlazaba con los postulados ideológicos de la encíclica Quan- ta Cura y el Syllabus complectens praecipuos nostrae aetatis errores, pu- blicados por el papa Pío IX en 1864: “ se hallan no pocos que aplicando a la sociedad civil el impío y absurdo principio que llaman del naturalismo , se atreven a enseñar «que el mejor orden de la sociedad pública, y el progreso civil exigen absolutamente, que la sociedad humana se constituya y gobier- ne sin relación alguna a la Religión [...]. En medio de tanta perversidad de opiniones depravadas [...] en virtud de nuestra autoridad Apostólica repro- bamos, proscribimos y condenamos todas y cada una de las perversas opi- niones y doctrinas singularmente mencionadas en estas Letras, y queremos INTRODUCCIÓN 12 y mandamos que por todos los hijos de la Iglesia católica sean absolutamen- te tenidas por reprobadas, proscritas y condenadas ”. El preámbulo de la ley de 1943 era explícito al respecto: “Nació nuestra Universidad para servir, ante todo, la misión de transmitir el saber median- te la enseñanza [...] sometida al fiel servicio de la Religión y de la Patria. [...] Aquella gran Universidad imperial perdió sus lumbres y esplendores en la gran crisis del siglo XVIII [...] había sucumbido también en manos de la libertad de Cátedra la educación moral y religiosa, y hasta el amor a la Pa - tria se sentía con ominoso pudor, ahogado por la corriente extranjerizante, laica, fría, krausista y masónica de la Institución Libre, que se esforzaba por dominar el ámbito universitario. [...] La Ley, además de reconocer los dere - chos docentes de la Iglesia en materia universitaria, quiere ante todo que la Universidad del Estado sea católica. Todas sus actividades habrán de tener como guía suprema el dogma y la moral cristiana”. A lo largo de esta obra los autores hemos analizado todos los concursos de cátedras celebrados durante el ministerio de Ibáñez Martín, mediante la consulta de la documentación conservada en el Archivo General de la Admi - nistración, situado en Alcalá de Henares. Allí se conservan los expedientes completos de dichos concursos, desde sus primeros trámites, e incluyendo las propuestas de constitución de los tribunales que debían juzgar las oposi- ciones y que estaban sometidos a un riguroso control ideológico-político. En este proceso desempeñó un papel de primer orden el secretario general del Consejo Superior de Investigación Científicas, José María Albareda, destaca - do miembro del por entonces todavía poco influyente Opus Dei, y que llegó a este cargo clave en el organigrama académico de posguerra merced a su estre - cha amistad con el ministro Ibáñez Martín, fraguada durante la guerra civil. En los expedientes de las oposiciones también se conserva toda la docu - mentación generada durante el desarrollo de la oposición: desde el acta de constitución del tribunal y las siguientes que se levantaban con la compare - cencia de los opositores hasta las valoraciones de los distintos candidatos por los miembros del tribunal y la votación final en que se elegía al opositor que ocuparía la cátedra. Asimismo se conserva entre la documentación los ejerci - cios de los concursantes, la documentación aportada por los candidatos triun - fadores con sus hojas de servicios profesionales y su producción bibliográfica y académica, las memorias obligatorias que debían entregar para participar en la oposición, y los justificantes de demás méritos alegados. A través de su estudio es posible reconstruir los intereses en juego, los grupos de interés LA UNIVERSIDAD NACIONALCATÓLICA 13 académico y político, las pugnas entre candidatos y los apoyos y enemigos con los que contaban en los tribunales, así como los postulados epistemólogicos, académicos, científicos y político-ideológicos de los candidatos presentados y de los seleccionados. Tras haber analizado todos los expedientes de concursos de cátedras, co - rrespondientes a todas las cátedras de todas las disciplinas de todas las uni- versidades españolas entre 1939 y 1951, en algunos casos hasta fechas más avanzadas por haberse demorado su resolución tras haber sido convocadas durante el ministerio de Ibáñez Martín, un escenario emerge con claridad: la destrucción de la universidad de la edad de plata de la ciencia española y la construcción de una nueva universidad, basada en los postulados ideológico- políticos del nacionalcatolicismo. Esta investigación no hubiera sido posible sin la concesión de dos pro - yectos de investigación del Plan Nacional de I+D, Ministerio de Educación y Ciencia, HUM2007-64847/HIST, y Ministerio de Economía y Competiti - vidad, HAR2011-26904, la publicación ha sido posible por la contribución del segundo proyecto y el interés de la Universidad Carlos III de Madrid y la editorial Dykinson en unos tiempos en los que editar una obra de esta enver - gadura no es tarea fácil. Todos los autores forman parte del Grupo de Investi - gación Complutense historia de Madrid en la edad contemporánea. Madrid, 5 de abril de 2014 Los Autores Capítulo 1 La edad de plata y la renovación de la universidad española 1. La Junta para Ampliación de Estudios La Universidad española del siglo XIX se había caracterizado por la precarie- dad de medios, la escasa renovación de sus estudios, muchos de ellos anqui- losados en las viejas estructuras y contenidos de la época de la Contrarrefor- ma, la alergia, cuando no abierta oposición, a las corrientes racionalistas y a las nuevas corrientes científicas y de pensamiento 1 . Al iniciarse el siglo XX la ciencia española, salvo en el campo de las ciencias biomédicas, se encontraba en un marcado estado de postración. La sempiterna escasez de recursos pú- blicos, el escaso desarrollo económico del país y el anquilosamiento de las es- tructuras universitarias hacían prácticamente inviable la investigación cien- tífica. Las excepciones que existieron, y de las cuales Santiago Ramón y Cajal fue la figura más descollante, fueron posibles merced a una férrea voluntad, capaz de sobreimponerse a la penuria de medios, habilitando laboratorios privados en los que desarrollar la investigación. Una situación insostenible a finales del siglo XIX, cuando la ciencia había adquirido velocidad de crucero, para cuyo avance eran precisos recursos e instalaciones y no sólo inteligencia. Sin instituciones científicas bien dotadas de laboratorios, aparatos y personal difícilmente se podía estar no ya en la vanguardia de la ciencia sino tan si- quiera al día de los nuevos derroteros que ésta tomaba. La época de los gabinetes privados hacía decenios que había pasado a la historia. En España apenas se había salido de esa situación, todavía se vivía de las rentas de la Ilustración, instituciones científicas fundadas en aquella lejana época llevaban una renqueante vida debido a las estrecheces económi- cas en las que se veían obligadas a desenvolverse, caso del Museo de Ciencias Naturales o del Jardín Botánico de Madrid por citar dos de las más emble- 1 OTERO CARVAJAL, Luis Enrique y LÓPEZ SÁNCHEZ, José María: La lucha por la Modernidad. Las Ciencias Naturales y la Junta para Ampliación de Estudios , Madrid, Residencia de Estudiantes-CSIC, 2012. 15 LUIS ENRIQUE OTERO CARVAJAL 16 máticas; otras acababan de nacer, como la Estación Marítima de Zoología y Botánica Experimental de Santander, fundada en 1886. José Rodríguez Carracido recordaba la precariedad de medios que a fi - nales del siglo XIX arrastraba la universidad española: “ Desde el año 1887 hasta 1901 ¡durante catorce años! Se explicó la Química biológica como si fuese Metafísica [...]. Al encargarme de esta enseñanza sólo disponía de la silla para la exposición oral de las pláticas de Química biológica, careciendo de todo elemento de trabajo ” 2 . Blas Cabrera en su discurso de ingreso en la Academia Española, el 26 de enero de 1936, definía la precaria situación de la ciencia española al comienzo de la centuria: “Para ofrecer una imagen efi - ciente del pasado y del presente de la Física española yo traigo a la memoria de aquellos entre vosotros que lo conocieron el barracón levantado en el pa- tio del viejo convento de la Trinidad, sede del Ministerio de Fomento, donde se alojaba el único laboratorio de Física de que disponía la Universidad cen- tral. Mi generación fue la última que disfrutó de aquel humilde cobertizo” 3 El ambiente intelectual de finales de siglo quedó caracterizado por la lla - mada literatura regeneracionista, en la que un abigarrado conjunto de po- lemistas no se cansaban de denunciar los males del país. El diagnóstico era claro y contundente, España agonizaba. Estos y muchos más eran los argu- mentos que llenaban las páginas escritas por Lucas Mallada, Joaquín Cos- ta, Manuel Sales Ferré, Ricardo Macías Picavea y tantos otros protagonistas finiseculares de aquella literatura regeneracionista, con similares argumen - tos a los esgrimidos por la Institución Libre de Enseñanza. La crisis del 98 no hizo sino dar argumentos a institucionistas y regeneracionistas sobre los males de la patria , causa y efecto del anquilosamiento de sus estructuras: políticas, atrapadas en la espesa red del caciquismo; económicas, en las que el proteccionismo actuaba de rémora para el despegue definitivo del proce - so industrializador; sociales, donde una extremada polarización quedaba al descubierto en la preeminencia de las redes clientelares del caciquismo y la exclusión social de amplias capas de la sociedad; y, en fin, culturales, fruto de las altas tasas de analfabetismo y de las permanentes dificultades presu - 2 RODRÍGUEZ CARRACIDO, José: Estudios histórico-críticos de la ciencia españo- la , Madrid, 1897, 2.ª ed., Madrid, 1917, reed. Madrid, 1987, pp. 389-400. 3 CABRERA, Blas: Revolución de los conceptos físicos y lenguaje, Madrid, 1936, ci- tado en SÁNCHEZ RON, José Manuel: “Las ciencias físico-matemáticas en la España del siglo XIX”, en LÓPEZ PIÑERO, José María (ed.): La ciencia en la España del siglo XIX. (número monográfico de la revista Ayer ) , Madrid, 1992 p. 70. LA UNIVERSIDAD NACIONALCATÓLICA 17 puestarias de una Universidad que trataba de incorporarse a la senda de la Modernidad. Esta desesperanzadora situación ganó para las corrientes regeneracio- nistas a un importante sector de los sectores ilustrados del cambio de siglo, alineados en torno a un amplio a la vez que vago proyecto reformista, que encontró sus principales adalides en la Institución Libre de Enseñanza y el reformismo social de la Comisión de Reformas Sociales Frente al pesimismo de la generación del noventayocho, Rafael Altamira, catedrático de la Universidad de Oviedo, sostenía que había que “ llevar al ánimo de los políticos y del pueblo la convicción de que el primer presu- puesto nacional [ ... ] es el de la instrucción pública [ ... ] Hasta que nuestros Gobiernos no se convenzan de esta verdad [ ... ] toda regeneración nacional se edificará sobre arena ” 4 Salvar la brecha que separaba a España de las más dinámicas naciones europeas pasaba, a ojos de los institucionistas , por reno- var el sistema educativo del país, sus estructuras, métodos, objetivos y con- tenidos. Dicha convicción fue interiorizada por los sectores reformistas del partido liberal del sistema político de la Restauración y, más allá del mismo, por el grueso de la intelectualidad reformista de la España del primer tercio del siglo XX. La llamada generación del 14 , con Ortega y Gasset a la cabeza, sintetizó esta percepción en su convicción de que la solución al atraso español estaba en Europa, entendida ésta como la apertura a las nuevas corrientes de pensamiento y científicas que recorrían el Viejo Continente, base sobre la que debería asentarse un amplio programa reformista que modernizara las estructuras sociales, económicas, políticas y culturales del país. La creación del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, el 28 de abril de 1900, fue un primer paso para la reforma de la educación y el impulso de la investigación científica. Antonio García Alix, primer ministro de Ins - trucción Pública, imbuido de los planteamientos regeneracionistas, entendía que “ por medio de la instrucción pública, bien dirigida y organizada, podrá adelantarse mucho en la obra regeneradora que impone el estado presente, y sobre todo el porvenir de nuestro país ” 5 . El plan García Alix, basado en la propuesta elaborada por Ignacio Bolívar, estaba inspirado en el diseñado por la Sociedad Española de Historia Natural en 1886, y sentó las bases para la 4 ALTAMIRA, Rafael: “El patriotismo y la universidad”, Boletín de la Institución Li- bre de Enseñanza, BILE , 462 (1898), p. 266. 5 GARCÍA ALIX, Antonio: Disposiciones dictadas para la reorganización de la ense- ñanza , Madrid, Imp. Colegio Nacional de Sordomudos y ciegos, 1900, p. I. LUIS ENRIQUE OTERO CARVAJAL 18 regeneración científica perseguida. Se promulgó el 7 de agosto de 1900 siendo Presidente del Consejo de Ministros el conservador Francisco Silvela. Una re - forma que despertó el rechazo de los sectores ultraconservadores, José Espa- ña Lledó, catedrático excedente de Metafísica de la Universidad de Granada, manifestaba su abierta oposición: “ el Sr. García Alix ha hecho un decreto ab- surdo, entregando a los jóvenes escolares sin defensa alguna a la camarilla librepensadora que le rodea. ” 6 Francisco Giner de los Ríos trató de aprovechar la oportunidad que ofrecía el gobierno liberal para poner en marcha una institución que impulsase la in- vestigación y desde la que se pudiese abordar, con ciertas garantías de éxito, la necesaria reforma de la Universidad. Fue finalmente un gabinete puente, el del marqués de la Vega Armijo, el encargado de aprobar los presupuestos de 1907 y el que dio carta de naturaleza a la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas -JAE- 7 . La JAE constituyó el esfuerzo más impor- tante y el mayor logro del recién creado Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes con vistas a modernizar la educación y la investigación científica en España. Santiago Ramón y Cajal insistió, años después, en el diagnóstico de institucionistas y regeneracionistas, “ si, a la vez que establecemos íntima comunicación espiritual con el extranjero, no acertamos a mantener en los iniciados el fuego sagrado de la investigación, organizando, para retener- los y estimularlos, laboratorios y seminarios, talleres y demás centros de laboreo intelectual y profesional; si, en fin, por respeto a rancios prejuicios o a funestos formalismos no procedemos a incorporar rápidamente a la en- señanza el nuevo plantel docente, renovando y fecundando con él la vieja Universidad, órgano principal, según dejamos dicho, de la civilización y del progreso [ ... ] España no saldrá de su abatimiento mental mientras no re- 6 ESPAÑA LLEDÓ, José: “La enseñanza oficial de la Filosofía en España”, en Revista Contemporánea, año XXVI, nº 596 (30 de septiembre de 1900). p. 570. 7 Real Decreto, 11 de enero de 1907, Ministro de Instrucción pública y Bellas Artes, Amalio Gimeno, Gaceta de Madrid , 15 de enero de 1907. En su constitución fueron nom - brados vocales Santiago Ramón y Cajal, José Echegaray, Marcelino Menéndez y Pelayo, Joaquín Costa (que renunció al poco tiempo por razones de salud, siendo sustituido por Amalio Gimeno, al abandonar el Gobierno), Joaquín Sorolla, Gumersindo de Azcárate, Luis Simarro, Ignacio Bolívar, Ramón Menéndez Pidal, José Rodríguez Carracido, Leonar - do Torres Quevedo, Julián Calleja, José Casares Gil, Adolfo Álvarez Buylla, Julián Ribera Tarragó, José Marvá, Alejandro San Martín, José Fernández Jiménez, Vicente Santamaría de Paredes, Eduardo Vincenti y Victoriano Fernández Ascarza, siendo nombrado como secretario José Castillejo y Duarte. LA UNIVERSIDAD NACIONALCATÓLICA 19 emplace las viejas cabezas de sus profesores (Universidades, Institutos, Es- cuelas especiales), orientadas hacia el pasado, por otras nuevas orientadas hacia el porvenir [ ... ] Europeizando rápidamente al catedrático, europeiza- remos al discípulo y a la nación entera [ ... ] Tal es el plan salvador. No ha habido que inventar la panacea ” 8 Desde un principio la JAE tuvo que lidiar con la animadversión del con - servadurismo español, tanto desde el Gobierno como desde la Universidad, que veían en ella un instrumento para poner en práctica el ideario de la Ins- titución Libre de Enseñanza en la universidad española. A los pocos días de su constitución, el 25 de enero de 1907, los liberales fueron sustituidos en el Gobierno por los conservadores, bajo la presidencia de Antonio Maura, con Faustino Rodríguez San Pedro al frente del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes 9 , lo que estuvo al punto de dar al traste con la iniciativa recién aprobada. José Castillejo, secretario de la JAE, describió a Rodríguez San Pe - dro como un burócrata reglamentista que “ unía a su credo marcialmente conservador una notable falta de imaginación y no poca hostilidad hacia el pensamiento ” 10 La actitud obstruccionista de Rodríguez San Pedro encontró la oposición de los diputados del partido liberal. Los enfrentamientos más duros tuvie- ron lugar con los diputados Juan Ventosa, Eduardo Vicentí y Gumersindo 8 RAMÓN y CAJAL, Santiago: Los tónicos de la voluntad. Reglas y consejos sobre investigación científica , Madrid, Gadir, 2005, pp. 232-233. 9 “La Junta nacía con la aquiescencia del partido liberal [...] pero en una situación de extrema precariedad [...] El periodo de gobierno liberal que se había iniciado en 1905 toca a su fin irreversiblemente [...] pero la Constitución obliga a votar un presupuesto antes del uno de enero, y es por esta única razón por la que se monta un último gobierno liberal, un gabinete-puente, presidido por don Antonio de Aguilar y Correa, marqués de la Vega de Armijo [...] El presupuesto liberal contempla, efectivamente, una partida para la creación de una Junta de relaciones culturales con el extranjero, pero los temores de Gimeno y Romanones de que los conservadores den una interpretación regresiva a la idea, obligan a publicar el real Decreto `in extremis ́ durante la vacación parlamentaria de enero, antes de la reapertura del Congreso [...] La Junta pues, nació por milagro”, LAPORTA, Francis - co: “La Junta para Ampliación de Estudios: primeras fatigas”, en BILE, II época, nº 14, de agosto de 1992, pp. 39-40. OTERO CARVAJAL, Luis Enrique y LÓPEZ SÁNCHEZ, José María: La lucha por la Modernidad. Las ciencias naturales y la Junta para Ampliación de Estudios, Madrid, Residencia de Estudiantes-CSIC, 2012. 10 LAPORTA, Francisco: “La Junta para Ampliación de Estudios: primeras fatigas”, BILE , 14 (1992), p. 40. LUIS ENRIQUE OTERO CARVAJAL 20 de Azcárate. Eduardo Vicentí 11 , vocal de la JAE, acusó al ministro de querer “ disolver la Junta, no está conforme con ella, y, claro está, á todas horas manifiesta su modo de pensar y de sentir ” 12 y Juan Ventosa: “ he de repetir al Sr. Ministro de Instrucción que si S. S. entendía que la Junta no debía pro- ceder del modo que lo hizo, debió disolverla [...] Lo único que no podía hacer S. S. es lo que ha hecho, inutilizar con trámites burocráticos todas las inicia- tivas de esta Junta de ampliación de estudios e investigaciones científicas, aburrir á esta Junta imposibilitando su labor sin sustituirla por ninguna otra cosa ” 13 En la respuesta que dio el ministro a Francos Rodríguez quedó expuesta su concepción tradicionalista: “ No; esto nos traería un problema muchísimo más hondo, á saber: si convendría que España hiciese un esfuerzo supre- mo para que sus hijos se educasen en el extranjero, ó si, por el contrario, puede ser más conveniente, aunque vayamos con más lentitud, por fines de una grandísima elevación y de mayor transcendencia todavía, que nos eduquemos en España, teniendo nuestro carácter propio, apegándonos al suelo donde hemos nacido, vinculándonos en las glorias que señala nuestra tradición, y teniendo aspiraciones que sean puramente españolas, y si por un cosmopolitismo exagerado no pueden debilitarse y quebrantarse los fun- damentos morales en que toda la Nación debe descansar ” 14 El enfrentamiento con Rodríguez San Pedro derivó en la publicación, en enero de 1908, de una Real Orden que obligó a los catedráticos a regresar a su destino. Castillejo, catedrático en Sevilla, tuvo que volver a la ciudad andaluza y abandonar la secretaría de la JAE, de la cual dimitió temporalmente, puesto que ocupó de manera interina Ramón Menéndez Pidal, hasta el nombramien - to de Felipe Clemente de Diego 15 . La Junta con el fin de no empeorar la situa - ción eludió nuevos enfrentamientos con el ministro y paralizó la puesta en 11 Diario de Sesiones del Congreso , legislatura de 1907, volumen 433, nº 103, 26 de noviembre de 1907, pp. 2.926-2.931. Diario de Sesiones del Congreso , legislatura de 1907, volumen 436, nº 122, 18 de diciembre de 1907, pp. 3.794-3.797. 12 Diario de Sesiones del Congreso , legislatura de 1907, volumen 433, 26 de noviem - bre de 1907, p. 2.936. 13 Diario de Sesiones del Congreso , legislatura de 1907, volumen 436, 18 de diciem - bre de 1907, p. 3.782. 14 Diario de Sesiones del Congreso , legislatura de 1907, volumen 436, 27 de diciem - bre de 1907, p. 4.003. 15 Archivo de la Secretaría de la JAE, Libro I de las Actas de la Junta Plena , sesión 5de febrero de 1908, pp. 20-22. Fundación Residencia de Estudiantes de Madrid.