1 Opera Digitalia – Volumen II – 2011 Giovanni Cavalcoli OP 2 3 4 OPERA DIGITALIA QUAESTIONES DISPUTATAE EN LA ERA DIGITAL GIOVANNI CAVALCOLI OP VOLUMEN II - 2011 A principios de octubre de 2022, un lector argentino le manifestaba al padre Giovanni Cavalcoli las dificultades que sufría para adquirir sus libros desde Argentina, por las restricciones económicas y por la descomunal inflación en su país. El docto dominico le respondió entonces: "Comprendo su dificultad para procurarse mis libros; sin embargo, le puede bastar el seguir lo que escribo en mi blog". Sin duda, estas palabras alientan a las lecturas de sus notas periodísticas, y confirman que aquellas ideas que Cavalcoli ha desarrollado de manera más extensa y articulada en sus libros, también han sido expuestas en sus artículos periodísticos en diversos blogs y portales, junto a otras novedosas y profundas ideas que él ha ido profundizando con el curso del tiempo. COLECCIÓN DIGITAL GRATUITA 5 6 Indice A propósito de la libertad religiosa (02.01.2011) 11 Concilio Vaticano II. Relaciones con el Islam (04.01.2011) 13 La Iglesia de este mundo (09.01.2011) 14 Concilio Vaticano II: Continuidad en la reforma (10.01.2011) 16 Carta abierta al padre Serafino Lanzetta (13.01.2011) 22 Carta abierta a Piero Vassallo (14.01.2011) 25 El porqué de la Jornada de Asís (16.01.2011) 26 Por qué el embrión es persona (19.01.2011) 30 Carta abierta al padre Serafino Lanzetta (20.01.2011) 33 ¿El Concilio es infalible? Carta abierta al padre Florian Kolfhaus (23.01.2011) 39 La prohibición del placer (25.01.2011) 43 Maritain y el Cardenal Siri (29.01.2011) 46 Sobre la infalibilidad de las doctrinas del Concilio (07.02.2011) 48 ¿Crisis del Magisterio o crisis en el Magisterio? (11.02.2011) 52 Las dos antropologías (14.02.2011) 55 La crisis de la evangelización (18.02.2011) 58 La pastoral del Concilio Vaticano II: progresos y retrocesos (23.02.2011) 61 La Tradición contra el Papa (28.02.2011) 64 Una carta sobre Vito Mancuso (07.03.2011) 67 ¿Qué es el relativismo? (10.03.2011) 68 Algo más sobre la interpretación del Concilio (23.03.2011) 71 El caso del profesor De Mattei (08.04.2011) 73 Carta a la Fraternidad San Pío X (09.04.2011) 74 Carta al profesor Savarè, sobre el caso del prof. De Mattei (15.04.2011) 80 La concepción cristiana del mal (23.04.2011) 82 Algunas observaciones a las ideas del padre Cantalamessa (28.04.2011) 86 Amor y dolor. Algo más sobre el padre Cantalamessa (03.05.2011) 89 Respuesta a los tradicionalistas de "Remnant", en defensa de Arzillo (05.05.2011) 92 Creer lo que Cristo nos dice (07.05.2011) 95 La razón del dolor. Carta abierta a don Inos Biffi (17.05.2011) 97 ¿Antropocentrismo en la Gaudium et Spes? (24.05.2011) 102 Carta al padre Basile Valuet (28.05.2011) 104 Respuesta al padre Basile Valuet (30.05.2011) 105 Carta al profesor Stefano Ceccanti (30.05.2011) 107 ¿Qué sentido tiene ser hoy comunistas? (02.06.2011) 109 Sobre la idea de progreso (06.06.2011) 112 Respuestas al profesor Alessandro Martinetti (08.06.2011) 116 La manía de lo ridículo (11.06.2011) 118 Carta a Enrico Maria Radaelli (17.06.2011) 120 Carta a Enrico Morini (21.06.2011) 123 Modernidad y Modernismo (22.06.2011) 126 Carta abierta al profesor Alessando Martinetti (04.07.2011) 128 El falso ecumenismo (07.07.2011) 131 Comentario a la intervención del profesor Morini (27.07.2011) 134 Curso de Escatología. Introducción: ¿Qué es la escatología? (04.08.2011) 136 Curso de Escatología. Capítulo 1: Muerte e Inmortalidad del alma (08.08.2011) 139 7 La libertad religiosa y el Concilio Vaticano II (17.08.2011) 143 San Pío da Pietrelcina y el Beato Juan XXIII (20.08.2011) 147 Verdad y modernidad (22.08.2011) 150 La reformulación del dogma (05.09.2011) 153 Curso de Escatología. Capítulo 2: Inmortalidad y Resurrección (05.09.2011) 156 Curso de Escatología. Capítulo 3: La Parusía de Cristo (07.09.2011) 159 Respuesta a "La Tradizione Cattolica" (07.09.2011) 162 Materia y espíritu (14.09.2011) 164 Curso de Escatología. Cap.4: La bienaventuranza después de la muerte (19.09.2011) 167 El personalismo racionalista (26.09.2011) 170 El misterio del martirio (29.09.2011) 174 Curso de Escatología. Capítulo 5: La purificación después de la muerte (06.10.2011) 176 El Dios de Lutero (07.11.2011) 180 Curso de Escatología. Capítulo 6: La perdición después de la muerte (11.10.2011) 183 El primado de la divina misericordia (21.10.2011) 186 Comentario a la intervención del cardenal Cottier (24.10.2011) 190 Curso de Escatología. Capítulo 7: La cuestión del Limbo (25.10.2011) 192 Después de Asís (29.10.2011) 196 Idealismo y sexualidad (16.11.2011) 199 Protestantismo y modernismo (16.11.2011) 201 La teología de Lutero (29.11.2011) 203 Carta al Prof. Roberto de Mattei, sobre su libro Apología de la tradición (07.12.2011) 207 Algunas preguntas a los modernistas (08.12.2011) 210 El politeísmo moderno (15.12.2011) 213 Curso de Escatología. Capítulo 8: Prepararse para la vida eterna (17.12.2011) 216 Carta abierta a "Si si no no" (25.12.2011) 219 8 Nota del Traductor Se publican aquí los artículos que he podido recopilar escritos y publicados por el padre Giovanni Cavalcoli OP, durante el año 2011. En todos ellos he podido identificar la fecha exacta de publicación. Cualquier eventual error lo salvaremos en próximas ediciones. Además, es posible que el padre Cavalcoli haya escrito y publicado durante 2011 otros artículos que no figuran en esta recopilación. Si los descubrimos, también los añadiremos. Y a la vez, solicito a los amables lectores que me comuniquen si conocen la existencia de esos artículos aquí faltantes, al igual que me hagan llegar las advertencias de errores que es posible yo haya cometido en su traducción. Julio Alberto González Las Heras, Mendoza, Argentina email: julalbgonzalez@gmail.com 9 10 A propósito de la libertad religiosa 1 El reciente atentado terrorista contra cristianos en Alejandría de Egipto vuelve a proponer dramática y urgentemente el problema de la libertad religiosa. Y no es casualidad que el Papa haya vuelto repetidamente a este tema tan importante en los últimos meses, también en ocasión de otros fenómenos de persecución anticristiana, especialmente en los países islámicos. Como es sabido, el Concilio Vaticano II dedicó un documento especial sobre el derecho a la libertad religiosa ("Dignitatis humanae") definiendo que "esta libertad consiste en que todos los hombres han de estar inmunes de coacción, tanto por parte de individuos como de grupos sociales y de cualquier potestad humana, y esto de tal manera que, en materia religiosa, ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia, ni se le impida que actúe conforme a ella en privado y en público, sólo o asociado con otros, dentro de los límites debidos" (n.2). Este derecho -continúa el Concilio- "está realmente fundado en la dignidad misma de la persona humana, tal como se la conoce por la palabra revelada de Dios y por la misma razón natural" (ibid.). Y más adelante: "esta doctrina de la libertad tiene sus raíces en la divina Revelación" (n.9). Luego, el documento presenta a Cristo mismo como modelo de persona respetuosa de este derecho en su forma de proponer el Evangelio, una forma que apela precisamente a la conciencia, a la libre voluntad de cada uno, advirtiendo ciertamente de las consecuencias que esperan a los que se rebelan contra el Evangelio, pero sin recurrir jamás a inoportunas presiones o artificiosa astucia o seductores engaños o indignas tentaciones o aterrorizantes constricciones o violencias o falsos milagros o propagandísticas invenciones o ampliaciones o exageraciones y sin basarse jamás en bajas pasiones para hacer que los hombres acepten la Palabra de Dios, sino siempre argumentando, buscando persuadir con honestidad y transparencia, mostrando la estupenda belleza del ideal evangélico y dando prueba de un supremo amor, sin ocultar los necesarios sacrificios para alcanzar el Reino de Dios. Al hablar de "conciencia", el Concilio evidentemente no se refiere a una caprichosa conciencia subjetiva, fuente absoluta del bien y del mal, como desafortunadamente ha sido teorizada por las falsas filosofías y los herejes de todo tipo para tener la excusa de sustraerse a los deberes de la obediencia y al vínculo proveniente de la verdad objetiva, sino de aquella recta conciencia de la que tantas veces habla la Sagrada Escritura como voz de Dios presente en el alma, conocimiento de la ley moral natural y lugar interior en el cual debemos responder directamente a Dios por nuestro obrar, cualquiera que sea el juicio que los hombres, incluyendo la misma autoridad eclesiástica, puedan dar de él (Hch 23,1; 24,16; Rom 2,15; 9,1; 10,2; 13,5; II Cor 1,12; 4,2; 5,11; I Tm 1,5.19; 3,9; II Tm 1,3; Heb 13,18; I Pe 3,16.21). Ciertamente, la conciencia humana puede equivocarse de buena fe, sin darse cuenta, sin mala voluntad; ella por lo tanto, debe ir a la ocasión correcta, purificada y siempre instruida; ella no es el fundamento de la ley, sino que debe obedecer a la ley; y sin embargo, al fin de cuentas, la conciencia sigue siendo el momento decisivo de nuestro obrar, precisamente por esta presencia interior de la ley moral que nos ordena qué hacer y qué no hacer. Y depende de la conciencia, después del acto realizado, decirnos si lo hemos hecho bien o mal. Entonces ella respectivamente nos alaba o nos reprocha. ¡Y ay de aquellos que no escuchan los reclamos de su propia conciencia o tratan de sofocarlos! Nada es más bello que la paz de la conciencia limpia y nada más angustiante y atormentador, vergonzoso y humillante que los reproches de la conciencia o el estado de una conciencia culpable. Ahora bien, hoy más que nunca todos los países civilizados y respetuosos de la dignidad humana, especialmente a partir de la Ilustración, tienen actualmente en sus documentos constitucionales el respeto por parte del Estado de la libertad de conciencia de los ciudadanos, 1 Fr Giovanni Cavalcoli OP, publicado en el blog Riscossa Cristiana (Ricognizioni), el 2 de enero de 2011. https://www.ricognizioni.it/a-proposito-della-liberta-religiosa-di-p-giovanni-cavalcoli-op/ 11 obviamente salvadas las exigencias objetivas y serias de las buenas costumbres, del bien común y del orden público, en el respeto de los derechos de todos, especialmente de los más débiles e indefensos o, como se suele decir, de las "minorías". Y el Concilio Vaticano II ha sancionado con su autoridad infalible (¡con referencia a la misma revelación divina!) este sacrosanto derecho, guardián de la justicia, de la paz y de la concordia en la libertad no solo para la coexistencia de los fieles de las diversas religiones, sino también para la seguridad y el buen orden de los Estados y de la Comunidad internacional. Este reconocimiento de la libertad religiosa por parte del Magisterio de la Iglesia es una adquisición relativamente reciente, bajo el impulso del fermento evangélico, después de largos siglos en los cuales -lo reconoce el propio Concilio- "a través de las vicisitudes de la historia humana, se ha dado a veces un comportamiento menos conforme con el espíritu evangélico, e incluso contrario a él" (n.12). En el pasado, una actitud de algún modo opresiva por parte de la autoridad eclesiástica y civil, al mismo tiempo, con la consiguiente falta de respeto por la conciencia, podría haberse debido a una atención no del todo justa al principio en sí mismo muy cierto para todo católico del primado del catolicismo sobre todas las otras religiones y, por consiguiente, al hecho de que todos los pueblos están llamados a entrar en la Iglesia Católica -al menos implícitamente- bajo pena de su condenación eterna, como ya fue definido en el siglo XV por el Concilio de Florencia. Sin embargo, la insuficiente interpretación y práctica de dicho principio llevó a los poderes políticos y religiosos del pasado a imponer un orden religioso externo sin preocuparse suficientemente por la libertad y la dignidad de las conciencias. Lo que hoy ha salido a la luz es que el derecho a la libertad religiosa es un derecho natural y universal del hombre, fundado en la razón natural y que, por lo tanto, debe ser reconocido por el poder estatal, en cuanto que la tarea del Estado es precisamente el reconocimiento de los derechos humanos y de los fines naturales y racionales de la vida asociada, correspondiendo en cambio a las iglesias y a las comunidades religiosas, determinar el contenido de eventuales doctrinas consideradas como sobrenaturales o de revelación divina, campo en el cual el Estado no tiene la competencia ni la autoridad para intervenir. Una grave ofensa a la libertad religiosa en la época moderna ha provenido y proviene en cambio de los Estados totalitarios, es decir, de aquellos Estados que pretenden dictar leyes a la conciencia religiosa de los ciudadanos, ya sea para ordenar o ya sea para prohibir. En el siglo pasado tuvimos por ejemplo los Estados comunistas, hoy tenemos por ejemplo los estados islámicos. Y no vale para estos últimos el hecho de que se declaren religiosos, mientras que aquellos estados comunistas, como es sabido, se declaraban ateos. Pero la violencia sobre las conciencias es muy similar. La esperanza que formulamos es que también la civilización islámica, la cual incluso en su larga historia registra indudablemente muchos hechos y muchas cosas que la honran en varios campos de la vida y de la cultura, quiera decidirse por un sincero reconocimiento de este derecho fundamental del hombre, que no daña en absoluto cuanto de verdadero y de bueno está contenido en el Corán, mientras que el obstinarse en la persecución de las otras religiones y el hábito sistemático de obtener fieles por la fuerza, arruina esos valores y, aunque la historia del Islam tiene catorce siglos de antigüedad, en el clima moderno del respeto innegable e irrenunciable de este derecho, provocará tal vez la disolución del propio sistema islámico en poco tiempo, como sucedió con el comunismo, excepto por un cambio de mentalidad que conduzca a los islámicos de buena voluntad a la adhesión sincera y convencida a este derecho fundamental del hombre. 12 Concilio Vaticano II. Relaciones con el Islam 2 Estimado lector, agradezco su estima, lamento haber caído en su consideración, y espero que con lo que ahora le diré, vuelva a elevarse su estima. Ud. profesa ser "cristiano" y, supongo, católico, como lo soy yo y como lo es Riscossa Cristiana, una ejemplar expresión de plena comunión con la Iglesia Católica. De hecho, también existen cristianos protestantes, modernistas o lefebvrianos, pero no pienso o no quisiera pensar que Ud. sea uno de ellos. Digo esto en relación a cuanto el Concilio Vaticano II dice sobre el Islam, un tema que Ud. menciona en su intervención. De hecho, como católicos (tradicionalistas o progresistas, aquí tenemos libertad de opción) no podemos no estar todos unidos en el aceptar cuanto el Concilio dice sobre este delicado e importantísimo tema, o sea, aunque la religión católica sea la más perfecta -pues ha sido fundada por el Hijo de Dios y por ende es divina- entre todas las religiones, también la religión islámica contiene, aunque mezcladas con errores, verdades, tanto que, como Ud. sabrá, la Iglesia habla de "monoteísmo" tanto sea para el cristianismo como para el Islam. Ahora bien, supongo que lo que no ha sido de su agrado en mis intervenciones recientes han sido ciertas opiniones mías sobre el Islam y sobre cómo los católicos podemos relacionarnos con esa religión. Como Ud. profesa ser "conservador y tradicionalista", imagino que su crítica hacia mí sea la de estar siendo algo complaciente o incauto frente al expansionismo islámico con su característica agresividad, desde el momento que yo, por otra parte siguiendo las enseñanzas conciliares (en este caso "Nostra aetate" y "Dignitatis humanae") subrayo la importancia del diálogo, de la evangelización, y del derecho a la libertad religiosa. Pues bien, quisiera entonces precisar y agregar, para ir a su encuentro, y porque mis palabras no tienen el sabor de una cierta ingenuidad y cierto inepto pacifismo, que yo soy del parecer que la Santa Sede, el mundo católico y las mismas fuerzas internacionales del sano secularismo democrático deberían señalar con tonos más fuertes la gravedad de la persecución anticristiana que hoy tiene por parte de los fundamentalistas islámicos y debería ejercer mayor presión sobre los gobiernos más moderados de los Estados islámicos para buscar mayor firmeza contra los terroristas y para hacer respetar el derecho universal a la libertad religiosa. Sin embargo, sin invocar un regreso a las Cruzadas, soy de la idea que en casos extremos puede ser legítimo y útil, para defender o proteger a los cristianos del terrorismo islámico, incluso la intervención armada, como está sucediendo con nuestras tropas en Afganistán. Defender el cristianismo significa defender la civilización y la misma subsistencia de la humanidad. Al mismo tiempo, sin embargo, permítaseme mirar con esperanza el encuentro entre las religiones organizado por el Papa en Asís. Mientras haya un hilo de esperanza en el diálogo y en la oración común, es necesario hacerlo, salvo en el caso -posible- de que nuestro adversario se vuelva una bestia feroz, en cuyo caso al diálogo es necesario sustituirlo por la legítima defensa. Con esto, espero haber satisfecho sus legítimas exigencias hacia mí y aprovecho esta oportunidad para enviarle mis más distinguidos saludos. 2 Fr Giovanni Cavalcoli OP, publicado en el blog Riscossa Cristiana (Ricognizioni), 4 de enero de 2011. https://www.ricognizioni.it/concilio-vaticano-ii-rapporti-con-lislam-un-lettore-ci-scrive-e-padre-cavalcoli- gli-risponde/ Un lector escribió expresando dudas sobre la posición del padre Cavalcoli, con respecto a los problemas derivados de las interpretaciones del Concilio Vaticano II, así como de las relaciones con el Islam: “Acerca de vuestro sitio ya he expresado mi máximo agradecimiento, pero me decepcionaron los últimos escritos del P.Cavalcoli referidos al tema (...) Me parece que desde hace un tiempo, acerca del Vaticano II y el Islam, ha ido demasiado "lejos" de lo que creo que son las "Posiciones" de nosotros los cristianos de pensamiento fuerte, conservador, contrarrevolucionario y en pro de la sana tradición... y que hemos conocido personalmente o por testigos ciertas realidades étnico-religiosas y países intolerantes y prevaricadores. Por favor, hágame saber si mi impresión es incorrecta, sería feliz en tal caso”. 13 La Iglesia de este mundo 3 Uno de los malentendidos modernistas más graves de la doctrina del Concilio Vaticano II se refiere al concepto de Iglesia, sobre todo en sus relaciones con el mundo. Como se sabe, el Concilio nos ofrece dos grandes documentos sobre la Iglesia: uno, de carácter dogmático, la Lumen gentium y otro de carácter pastoral, la Gaudium et Spes. La constitución dogmática Lumen gentium nos hace conocer la Iglesia de siempre en una visión nueva, enriquecida con respecto a la precedente, tanto que el gran eclesiólogo cardenal Charles Journet, amigo del papa Paulo VI y de Jacques Maritain, el cual poco antes del Concilio publicó un monumental tratado sobre la Iglesia en dos grandes volúmenes, obra ya de por sí valiosísima, -"L'Eglise du Verbe Incarné"- sintió la necesidad, como persona humilde y fiel a la Iglesia tal como él era, de añadir, aun siendo ya anciano, un tercer tomo a su obra, para retomar e ilustrar los aportes doctrinales del Concilio Vaticano II. En cambio, el segundo documento, la constitución pastoral Gaudium et Spes, como todos saben, ofrece una riquísima doctrina pastoral sobre cómo hoy la Iglesia, en sus diversos aspectos y componentes, debe relacionarse con el mundo contemporáneo, para contribuir al crecimiento de la civilización, para la promoción de la persona humana y del bien común, de la justicia y de la paz, y sobre todo para anunciar convenientemente el Evangelio, tarea, esta, que constituye la esencia propia e insustituible de su misión. La Gaudium et Spes es el documento más famoso del Vaticano II, el que mayormente ha atraído la atención y el interés no solo del mundo católico, sino también de otras religiones y de todo el mundo cultural y político internacional, también de no creyentes e incluso de ateos. Se ha convertido de tal modo casi en el símbolo del Concilio en su aspecto innovador de diálogo con la modernidad, tanto es así que desde diversas partes, al interior y al exterior de la Iglesia, también se ha exagerado su importancia, eclipsando o poniendo injustamente en la sombra otros documentos comenzando por la propia Lumen Gentium, vista por los modernistas con una cierta antipatía, por su repetición y confirmación de enseñanzas tradicionales, como por ejemplo el aspecto sobrenatural de la Iglesia, la referencia a la Iglesia celestial ("aspecto escatológico"), la jerarquía, el primado pontificio, la devoción mariana, aunque este documento tampoco está privado de novedades doctrinales, como un concepto más avanzado de "tradición", de "revelación" y de la Iglesia misma. Con el pretexto de la "pastoralidad" del Concilio y de la más exacta correspondencia de la Gaudium et Spes a los deseos que Juan XXIII había formulado en la apertura del Concilio acerca de cuáles debían ser sus objetivos, ya en los años inmediatamente siguientes al Concilio surgió en los ambientes modernistas una nueva eclesiología, cercana a la concepción protestante, una Iglesia en ruptura con la eclesiología del pasado, una Iglesia como puro y simple "pueblo de Dios", fundada sobre un equívoco democratismo ("Iglesia desde abajo"), donde la jerarquía deviene un simple elemento coreográfico, la Iglesia ultraterrena se desvanece en la mitología, mientras que la relación con el mundo se invierte con respecto a su enfoque tradicional: no ya la Iglesia "luz del mundo", sino el mundo como forma y modelo de la Iglesia, tanto que algún eclesiólogo ha llegado a afirmar la pura y simple identidad de Iglesia y mundo, en conjunción con la absorción de lo sagrado en lo profano, algo que fue notoriamente notado por los sociólogos de la religión, por ejemplo Gian Franco Morra, desde los años sesenta del siglo pasado. Permanece hoy indudablemente la Iglesia, permanecen la jerarquía y el pueblo de Dios, permanecen las organizaciones esenciales, comunitarias e institucionales -y no podría ser de otra manera-, permanecen la Santa Sede, las diócesis, las parroquias, las instituciones religiosas, las asociaciones, los movimientos, y las enormes y múltiples actividades de individuos, de grupos y 3 Fr Giovanni Cavalcoli OP, publicado en el blog Riscossa Cristiana (Ricognizioni), el 9 de Enero de 2011: https://www.ricognizioni.it/la-chiesa-di-questo-mondo-di-padre-giovanni-cavalcoli/ 14 de comunidades: los viajes pontificios, las peregrinaciones, las actividades ecuménicas, las prácticas sacramentales y litúrgicas, los católicos en la política, los congresos, las comunicaciones mediáticas, publicaciones, institutos académicos y escolásticos, catequesis y misiones, arte sacro, nuevos edificios de culto, producción teológica, cursos de ejercicios espirituales, obras de caridad, cultura católica, pero todo este conjunto a menudo está en varios modos y medidas obstaculizado, contaminado o debilitado por aquella visión eclesiológica sustancialmente secularista, politizante, carrerista, laxista, mundana, modernista, filo-protestante y encima empresarial. Un gran trabajo, sin duda, pero ¿realizado con qué ánimo? ¿para qué propósito? ¿para cuáles fines? ¿Sobre la base de qué concepción de la Iglesia? Se trata, como he dicho, de un grave mal entendimiento de la eclesiología conciliar, la cual, si bien indudablemente nos presenta la relación de la Iglesia con el mundo moderno en una perspectiva positiva, no esconde sin embargo los aspectos de oposición y si habla de la ayuda que la Iglesia puede recibir del mundo, no ignora para nada la más importante responsabilidad que la Iglesia ha recibido de Cristo de guiar al mundo a la salvación, y si ve en la Iglesia las primicias del Reino de Dios ya en esta tierra, no cierra el Reino en los límites de este mundo y no descuida en absoluto hablar, de hecho ofrece una rica enseñanza sobre la doctrina tradicional de la tensión de la Iglesia en la tierra hacia la del cielo, ilustrando aquello que el Concilio llama la "índole escatológica de la Iglesia". Varias veces el Papa 4 , como gran eclesiólogo que él es, se ha referido a este tema de la verdadera interpretación de la eclesiología conciliar, advirtiendo que ella resulta no sólo de una correcta conexión entre Lumen Gentium y Gaudium et Spes, sino también de la conexión con la eclesiología enseñada por el Magisterio precedente, en particular la visión interior, sobrenatural y mística de la Iglesia como "Cuerpo Místico" y "Esposa" de Cristo, templo de la Santísima Trinidad, alimentada por la gracia santificante, contempladora del Misterio, ciertamente comunidad humana con su propia energías y dinámicas y no privada, aquí abajo, de las miserias del hombre pecador, pero sobre todo comunión espiritual y sacramental, cuya actividad no termina en absoluto en la planificación y en los recursos del ingenio humano, sino que alcanza su vértice en la liturgia, "fons et culmen totius vitae christianae", en la caridad recíproca, en la respuesta de los fieles a los impulsos del Espíritu y a las exigencias de la Palabra de Dios. La interpretación modernista, falsamente conciliar, de la Iglesia, nos propone una Iglesia que, además de estar en el mundo, es también del mundo. A la inversa, la verdadera Iglesia, aquella Iglesia de siempre que permanece intacta en el Concilio y de hecho resplandece con nueva juventud, nuevas fuerzas y nuevas esperanzas, está ciertamente -es justamente la indicación de Cristo- en el mundo, pero no es del mundo; trabaja en el mundo, pero para liberarlo de Satanás; ama al mundo, pero odia el pecado; es sí para el mundo, pero porque es sobre todo para Dios; está sí con el mundo, pero porque quiere curarlo y liberarlo de sus males; está con el mundo, pero ama más la soledad con Dios; da alegría al mundo, pero para ayudarlo a llevar la cruz; disfruta del mundo, pero como creación de Dios; asume ciertamente en sí misma cuanto de bueno existe en el mundo, pero para llevarlo más allá de sí mismo, purificado del mal, a la tierra de los resucitados y en la plenitud de la vida eterna. 4 En este artículo del año 2011, el padre Cavalcoli se está refiriendo al papa Benedicto XVI. (JG) 15 Concilio Vaticano II: continuidad en la reforma 5 La cuestión de la interpretación del Concilio Emprendemos un camino que espero les pueda interesar a los lectores, un camino de cuatro pequeñas y breves conferencias sobre temas complejos, objetivamente interesantes sobre todo para nosotros los católicos, no tanto para los no-católicos, que son los siguientes: la cuestión de la interpretación de los textos del Concilio Vaticano II, cuestión no meramente histórica que se está desarrollando prácticamente desde el final del Concilio, en 1965, y que continúa todavía muy viva. Una cuestión delicada y compleja, que ha dado lugar a varias tendencias, lamentablemente también a ciertas tensiones, que si bien quisiéramos que no sucedieran, se trata de fenómenos que son característicos de la historia. Todos los grandes acontecimientos de la historia, pensemos en la Revolución Francesa, pensemos en algunos grandes personajes como Napoleón Bonaparte, por verdadera gloria (dice Manzoni después de la muerte de Bonaparte) tienen grandes consecuencias para la posteridad. Y lo mismo puede decirse respecto del Concilio Vaticano II. Ciertamente, para nosotros los católicos existe la guía, y esta guía es el Magisterio de la Iglesia bajo la guía del Papa. El Magisterio de la Iglesia es el que ha producido al Concilio, los Padres del Concilio, al fin de cuentas, representaron al Magisterio de la Iglesia. Por consiguiente, en línea de principio, no debería ser muy difícil saber qué cosa ha dicho verdaderamente el Concilio. Sin embargo, de hecho, como revelan actualmente muchos estudiosos católicos, también serios y equilibrados, los textos del Concilio, que por otra parte son muy abundantes, de una abundancia que nunca jamás se había verificado en toda la historia de los concilios ecuménicos, y ya esta misma abundancia de textos presenta dificultades interpretativas. Y luego no faltan estas dificultades también a causa del lenguaje mismo del Concilio, cuyo propósito ha sido, como se dice, pastoral, pero ¿en pastoral qué sentido? El Concilio ha querido utilizar un lenguaje moderno y, por lo tanto, tomado del modo moderno de expresarse, que no es siempre muy preciso, por lo cual ha sucedido que objetivamente (no juzgamos las intenciones de los Padres conciliares) el caso es que algunos textos del Concilio se prestan a varias interpretaciones, incluso contradictorias. Por añadidura, algunos textos parece (y hay que subrayar el parece) que tuvieran, podríamos decir, un carácter modernista. Ciertamente, para la fe de los católicos esto es inadmisible, pero el hecho subsiste. ¿Qué cosa ha sucedido? Lo sabemos bien todos: ha sucedido que en estos cuarenta años han existido reacciones. Por ejemplo la famosa reacción de monseñor Marcel Lefebvre y sus seguidores, que existen todavía, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Como sabemos, Lefebvre estaba entre los Padres del Concilio, pero estos católicos que son sus seguidores se han mantenido rechazando ciertas doctrinas del Concilio Vaticano II por sus expresiones de sabor modernista y, por lo tanto, creyendo ellos que estas doctrinas están en contraste, o sea en contradicción, con la doctrina tradicional. Este es el problema planteado por los lefebvrianos. Como sabemos, la Iglesia ha usado una cierta severidad frente a la Fraternidad de mons. Lefebvre, y ha decidido la excomunión, que recientemente el Santo Padre ha decidido levantar a los cuatro obispos lefebvrianos. La situación nos da alguna esperanza, pues se llevan a cabo en el presente unas tratativas, y se da bien a esperar que luego de estos procedimientos emprendidos por la Santa Sede, se llegue a algún resultado positivo, si Dios lo quiere. 5 Fr Giovanni Cavalcoli OP, transcripción y traducción de tres pequeñas conferencias, ofrecidas en video, al parecer grabadas los días 31 de diciembre de 2010, y 9 y 10 de enero de 2011. Los enlaces a los cuatro vídeos aquí: http://www.arpato.org/tv/concilioII/conciliovaticanoII.htm 16 Pero también ha sucedido que se ha producido otro fenómeno así llamado progresista. Ciertamente el Concilio ha querido ser un progreso, el Concilio ha sido un progreso. Las doctrinas del Concilio nos hacen conocer mejor la Palabra de Dios. Por ejemplo nos ha hecho conocer mejor lo que es la Iglesia, también en el campo cristológico, el concepto de la Revelación, el concepto de Tradición. Pero lo que de hecho ha sucedido, es que existe otra corriente, que ocupa también puestos elevados en la vida de la Iglesia, corriente que de hecho ha venido a interpretar el Concilio en un sentido modernista, en variada medida, en variado grado, y este hecho ha llevado al Santo Padre, pero también a todos los Papas del postconcilio a diversas intervenciones. Ya Paulo VI en su tiempo lamentaba un "magisterio paralelo", pues estos modernistas son todos teólogos, y algunos han sido peritos del Concilio, que se atribuyen a sí mismos con arrogancia la interpretación del Concilio. Esto ha sido un abuso, porque la interpretación del Concilio, como he dicho al inicio, no le compete a los teólogos, sino que le compete al Magisterio. Pues bien, esta corriente neo-modernista ha interpretado algunos pasajes del Concilio en un sentido modernista y ha creado graves problemas, no solamente desde el punto de vista doctrinal sino también desde el punto de vista pastoral o desde el punto de vista moral, con consecuencias negativas en el ámbito de la conducta de los fieles católicos, en el ámbito de la Iglesia. He aquí que recientemente el Santo Padre ha lamentado, en las huellas de precedentes intervenciones, la existencia de este magisterio paralelo, no autorizado y, de hecho, rebelde al Magisterio de la Iglesia, de algunos teólogos. Y el Papa ha lamentado la existencia de rupturas. Es decir, estos teólogos interpretan el Concilio como si la novedad de sus textos, las novedades doctrinales, estuvieran en contraste con el Magisterio precedente. Sin embargo, para el católico esto no es admisible; de hecho eso refleja una mentalidad modernista que, como bien se sabe, es una mentalidad característica del modernismo, que habla de la multiplicidad de conceptos dogmáticos. El Papa, con su sabiduría de Vicario de Cristo, nos ha sugerido una "hermenéutica de continuidad en la reforma", o podríamos decir "en el progreso", o sea, un sano progresismo, tal como se puede entender en esa fórmula, que espero explicar en el siguiente punto. Pero que, en pocas palabras, se trata de tener presente que el Concilio nos ha hecho conocer mejor (he aquí el progreso: conocer mejor) la misma verdad (y he aquí la continuidad) que Cristo ha confiado a su Iglesia conservar intacta hasta el fin del mundo. El criterio de evaluación Habiendo tratado ya de la cuestión de la interpretación del texto conciliar, una cuestión no fácil que ya viene planteada puede decirse desde el inmediato postconcilio y que en ciertos aspectos no ha sido todavía asumida, una cuestión lamentablemente también difícil en el mundo católico, ahora vamos a tratar de considerar conjuntamente cuáles deberían ser aquellos criterios de evaluación y, por lo tanto, de valoración del texto conciliar. En el próximo paso mostraremos cómo ante todo en los documentos del Concilio Vaticano II tenemos dos grandes tipos de enseñanzas: que son, por un lado, las enseñanzas más doctrinales o dogmáticas, y por otro lado, las enseñanzas más bien pastorales o disciplinares. Comencemos con un discurso general acerca de los criterios de interpretación. Para un católico el criterio fundamental es la escucha de aquella interpretación que nos viene dada por ese Magisterio de la Iglesia que precisamente ha producido al mismo Concilio. Para un católico, las enseñanzas doctrinales de un Concilio son ciertamente verdaderas, y podemos decir infalibles, y por lo tanto sobre este plano un católico no puede hacer más que escuchar dócilmente y con espíritu de fe aquello que dice el Magisterio. Diferente es el discurso para las enseñanzas de tipo pastoral o disciplinar, donde la Iglesia no es infalible y, por lo tanto, puede aquí existir el disenso. Ya retomaremos esta distinción en el próximo subtítulo. Retornando entonces al tema del subtítulo, decimos entonces, que el criterio fundamental de interpretación del Vaticano II para un católico es la escucha del Magisterio de estos cuarenta y cinco años, Magisterio que como sabemos ha intervenido muchas veces y a varios niveles, pensemos en los discursos de los Papas, pensemos en las intervenciones de la Congregación para 17 la Doctrina de la Fe, pensemos en tantos documentos del Sínodo de los Obispos, en las Encíclicas, todos documentos que en variada medida interpretan el Concilio. Ciertamente, aún con todo eso, permanecen puntos no del todo claros, y esto también por motivo del lenguaje del Concilio. Pues el Vaticano II ha querido tener un lenguaje pastoral un poco para todo, podríamos decir, incluso para los mismos documentos doctrinales. Ahora bien, "pastoral" en el sentido de un lenguaje adaptado a la cultura de nuestro tiempo, cultura que se expresa sobre todo en modos un poco aproximativos, metafóricos, modos no escolásticos, por lo cual el Concilio se ha hecho todo para todos, podríamos decir, y ha adoptado este tipo de lenguaje que presenta algunos equívocos. Y de hecho se ha dado un grueso equívoco, y es que el Concilio ha querido iniciar un diálogo con la modernidad, pero no en el sentido adulatorio hacia la modernidad, sino en el sentido del conocer los valores presentes en la modernidad, pero también los errores, haciendo un discernimiento a la luz del Evangelio y del Magisterio precedente de la Sagrada Tradición. Pero lo que ha sucedido es que precisamente este lenguaje moderno, a veces impreciso, de hecho ha generado equívocos, lo cual ha hecho que algunos han interpretado el Concilio en un sentido modernista, como si el Concilio hubiera podido contentar esas posiciones modernistas que en su tiempo fueron rechazadas por el papa san Pío X. Muchos han tenido esta impresión, y entre ellos se han dado algunos que se han sentido complacidos y, de hecho, han interpretado explícitamente el Concilio en este sentido modernista, complaciéndose de ello, alegrándose, y de estos se ha generado una corriente neo-modernista muy difundida que llega hasta la actualidad. Se ha dado, en cambio, también una tendencia muy minoritaria, pero algo ruidosa, y que también cuenta, formada por aquellos que en nombre de la Tradición (aunque entendida un poco a su modo) siempre ha considerado encontrar en los textos conciliares una tendencia modernista, pero en este caso con dolor, con desagrado, con escándalo, los cuales llegan a decir que los textos doctrinales conciliares son contrarios a la Tradición, rompen con la Tradición. El Santo Padre, como bien sabemos, ha intervenido precisamente a este propósito, afirmando rigurosamente, repetidamente, que esto no es cierto, que esto (agrego yo) no es ni siquiera pensable. Un juicio de ese género no es juicio de católicos, porque el caso es que documentos doctrinales o dogmáticos (como la misma palabra lo indica) de un Concilio ecuménico, ¡nada menos!, son enseñanzas o de fe o bien próximas a la fe. Por lo tanto no es pensable que este tipo de enseñanzas pueden desmentir o negar una enseñanza precedente. Lo que en cambio debemos decir, y que debemos demostrar en el próximo apartado, es que estas enseñanzas doctrinales desarrollan la Tradición, la explicitan, la enriquecen, la hacen conocer mejor. Por lo tanto, entonces, para estar con las palabras del Papa, estas enseñanzas están en continuidad con las enseñanzas precedentes, pero no es una continuidad en el sentido del simple repetir, aunque también esto, sino que es, como dice el Papa, continuidad en la reforma o, diría yo, en el progreso. Es decir, los documentos doctrinales del Vaticano II nos hacen conocer mejor aquellas mismas verdades inmutables y divinas que Cristo ha consignado a su Iglesia. Por consiguiente, como para resumir este breve apartado, podemos decir entonces que el criterio de interpretación lo debemos tomar ante todo del Magisterio de la Iglesia, y en el caso de aquellos pasajes que todavía siguen presentando dificultades, ante todo debemos dar ya por descontado que no pueden ser pasajes modernistas. Porque el modernismo es una herejía. Y por consiguiente las dudas que a veces aparecen de modernismo, la solución de la cuestión es la de una interpretación benévola, la cual es posible, aunque no sea siempre fácil de hacer, una interpretación que ponga en relación de continuidad los textos nuevos del Concilio (porque ciertamente hay novedades doctrinales) con el Magisterio precedente. Aspectos pastorales y aspectos doctrinales He señalado ya los dos aspectos de las enseñanzas de los textos conciliares: los aspectos doctrinales o dogmáticos, y los aspectos pastorales o disciplinares. Planteando esos dos temas, 18 parto ahora de un pequeño recuerdo histórico, por otra parte muy conocido, del famoso discurso del beato Juan XXIII para la apertura del Concilio, donde el Papa marca una dirección para el Concilio, y el Papa lo entiende como importante para el Concilio, y como el Concilio se siente llamado a escuchar lo que puede entenderse como un discurso programático. De hecho, en este discurso el papa Juan XXIII presentó algunas líneas que el Concilio debía tener en cuenta. En pocas palabras, recordando cosas bastante conocidas, el papa Juan dice que el Concilio debería presentar la doctrina tradicional, el rico patrimonio