Catarsis en la música pop El viernes 14 de marzo se celebraba en Oviedo una ceremonia de incuestionable matiz religioso para todos sus asistentes: concierto, a pocos meses del cierre de La Salvaje, de Marcelo Criminal y Autoescuela. El grupo asturiano había tocado al completo (además de las dos guitarras, batería y bajo) y ofreciendo un gran espectáculo en la fiesta de nochevieja que se dio en el Kuivi, nuevo lugar de peregrinaje para todo aquel interesado por los conciertos mínimamente raros en la región, y no habían decepcionado. Por su parte, la última actuación de Marcelo en territorio asturiano, también en La Salvaje, ya había sido dos años atrás (a medias con Aeronave Adolescente), y aún no había tenido oportunidad de presentar aquí las canciones de su último discos (pocos meses posterior a aquel concierto), “La última casa de apuestas”. Ya en la sala, sin más retraso que el de rigor, Autoescuela salen al escenario sin David (junto con Santi, la cara visible del grupo). Su compañero explica que por una complicada situación familiar no podía ir a actuar aquella noche pero que, aunque la decisión no había sido inmediata, habían optado por dar el recital a pesar de su ausencia. Tocan ‘Vs’ y ‘Arthur’, éxitos de su último “Mal” y la sala entera queda convencida de que no fue un error hacer el esfuerzo de actuar sin David, de que el concierto no iba a decepcionar. Poco atrás habían actuado en acústico en Murcia y, entre alguna grabación de aquello y más material encontrado buscando por internet, un servidor tiene una idea aproximada de cómo es ese tipo de directo de Autoescuela y, sin ninguna intención de desmerecerlo, creo que actuar con una banda y sonido más grandes, más fuertes, hacen crecer estas canciones muchísimo. Lo que, escuchando desde casa podría parecer que sobre el escenario supondría un concierto bonito pero sencillo, se convierte realmente en un estallido de energía magníficamente arrollador. Santi lo da todo desde lo alto y, al rato, advierte de que va a tocar una canción inédita, se equivoca, se caga en Dios y vuelve a empezar: el público la disfruta y quedamos ahora a la espera de descubrir a qué proyecto irá a parar. El resto del concierto se desarrolla en un clima de auténtica euforia, al menos desde las primeras filas, que saltaban y coreaban antiguos éxitos como ‘Pase atrás’ y sorpresas bien recibidas como ‘Ronald Koeman’. No dudo que, si se hubiesen extendido más, nadie se habría enfadado, pero ya habrá tiempo para eso. Finalmente, cerraron con su canción homónima, ‘Autoescuela’, sorprendente gran éxito, pues han llegado a mostrarse reticentes a interpretarla en directo, pero concedieron este favor y el público hizo todo lo posible por aprovecharlo debidamente. Después de que recogiesen y permitiendo un breve descanso en que recuperar la voz y unas pocas fuerzas, quizá acercarse a la barra a por algo que sirviese de ayuda para esto, Marcelo ocupa el escenario y, tímidamente, empieza con ‘Fast and Furious (Spinoza niega la posibilidad del milagro)’. Son sólo él y su guitarra y no parece que mucho pueda distinguirlo de un concierto en que “sencillamente” (como si fuese poco) se vayan a ejecutar sus canciones sobre un escenario, como una playlist viviente. En cambio, con Marcelo es distinto, su música nace tanto de él como intérprete, de cómo adopta los papeles de sus personajes, cómo resuenan en él, que presenciar estas mímesis delante de uno resulta fascinante, hipnótico. Si durante las canciones la conexión del músico con la audiencia es enorme, entre ellas parece darle reparo ponerse ante ella, más alto, y no a su lado mientras sucede el concierto. Sigue repasando su carrera (ambas ‘Operación triunfo’, ‘Perdona (ahora sí que sí)’, ‘Saber y ganar’ con el público dándolo todo como si estuviese en una actuación de KRS ‐ One o Ice ‐ T) y también la de otros: interpreta versiones de ‘Rey sombra’ de Los Planetas y ‘Un corte limpio’ de Los Punsetes estupendamente llevadas a su terreno: Marcelo y su guitarra defienden y particularizan sin ningún problema ambas. A medio concierto la sala decide tomar el papel de vocalista y le canta al murciano el cumpleaños feliz, algo que él agradece desde el escenario, es difícil no verlo como un amigo a quien se le tiene verdadero cariño. Otra sorpresa es ‘Andrea’, canción inédita dedicada a su novia, de una ternura o delicadeza sólo comparable a la de algunos de sus mejores temas: ‘El amor’, ‘Demasiado lento’, etc., aunque en este caso con un enfoque mucho más alegre e incluso cómico que la hace muy especial. El público ríe y se emociona a partes iguales y, después, Marcelo todavía canta un par más de canciones. Parecía entonces que el concierto llegaría a su fin cuando, tras intentar crear algo de tensión, Marcelo da la bienvenida a Autoescuela al escenario de nuevo, recibidos entre vítores y aullidos. Juntos cantan ‘El miau’, esperada colaboración para la canción que comparten en “Quattro”, el disco del grupo asturiano de 2018. Desde entonces mucho ha cambiado, pero la actuación es realmente catártica y toda la sala cuestiona, a voces, la titularidad de Herrerín. Siguen tocando varias canciones de Marcelo, las más rockeras o enérgicas: ‘Brain Training’ (una favorita de Autoescuela dentro del catálogo del cantante, aún guardo el recuerdo de verlos en corro cantándola y saltándola en otro concierto del murciano en Gijón en 2022), ‘El corte inglés’ y ‘Miedo a salir de noche’. En medio, casi rapeando, se entregan a la única canción del grupo además de la inicial dentro de este anómalo bis, ‘Oda al catastro’. Para cerrar, ‘Dentro y en contra’, con el público rendido a sus pies, roto después de saltar y gritar toda la noche y con la certeza de que muy raramente serían capaces de olvidar esa velada. Juan Gabino Álvarez Fernández