1 2 3 The Road That Made Me Copyright © 2026 Adalyn Corea Velásquez Todos los derechos reservados. Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, distribuida, almacenada o transmitida, total o parcialmente, por ningún medio electrónico, mecánico o cualquier otro, sin la autorización previa y por escrito de la autora, salvo en los casos permiti dos por la legislación vigente sobre derechos de autor. Esta obra es una novela de ficción inspirada en emociones, acontecimientos y vivencias que dieron origen a su historia. Con fines narrativos, los personajes, diálogos, lugares, tiempos y diversas situaciones han sido adaptados o recreados. Cualquier semeja nza con personas o hechos reales forma parte de la inspiración de la obra y no constituye una representación literal de la realidad. Primera edición digital: 2026 Autora: Adalyn Corea Velásquez Título: The Road That Made Me Diseño de portada e interior: Adalyn Corea Velásquez Edición digital 4 Para quienes siguen caminando... A quienes han enfrentado caminos difíciles, batallas silenciosas y momentos donde continuar parecía imposible. A quienes han caído, pero encontraron la fuerza para levantarse. A quienes necesitan recordar que ninguna dificultad define el final de su historia. Que estas páginas sean un recordatorio de que siempre existe una razón para seguir adelante. 5 A veces creemos que los caminos difíciles llegan para destruirnos, pero con el tiempo descubrimos que también llegan para transformarnos. Cada caída, cada lágrima y cada batalla silenciosa deja una huella en nosotros; una huella que nos recuerda que fuimos capaces de continuar incluso cuando nuestras fuerzas parecían desaparecer. No todos los caminos están llenos de respuestas, ni todos los días serán fáciles. Habrá momentos en los que avanzar será una decisión más que un sentimiento, pero incluso en esos instantes habrá una pequeña luz esperando ser encontrada. Porque la historia de una persona no se define por las veces que cayó, sino por las veces que eligió levantarse. Los caminos que más duelen también pueden ser los que nos enseñan quiénes somos realmente. Y algún día, al mirar atrás, entenderemos que cada paso, incluso aquellos que parecían perdidos, nos estaba llevando hacia la persona en la que estábamos destinados a convertirnos. 6 Introducción ada persona guarda una historia que está formada por pequeños momentos, decisiones y experiencias que, con el paso del tiempo, terminan construyendo quiénes somos. Algunos recuerdos llegan llenos de felicidad y otros dejan heridas que tardan en sanar, pero todos tienen algo en común: nos transforman. Esta es la historia de Aylin, una joven que descubrirá que la vida no siempre sigue el camino que imaginamos. Desde sus primeros años aprenderá que crecer no solamente significa avanzar, sino también enfrentarse a cambios, superar dificultades y encontrar la valentía para continuar incluso cuando las cosas parecen demasiado complicadas. A través de su camino, Aylin vivirá momentos que marcarán su vida para siempre. Conocerá personas que se convertirán en una parte importante de su historia, construirá amistades que le enseñarán el verdadero significado de estar acompañado y enfrentará sit uaciones que la harán cuestionarse, aprender y descubrir nuevas partes de sí misma. Entre sueños que desea alcanzar, momentos de alegría y etapas llenas de desafíos, Aylin irá descubriendo que cada capítulo de su vida tiene un significado. Incluso aquellos momentos que en su momento parecían injustos o difíciles terminarán dejando una ens eñanza que la ayudará a crecer. Su camino no será perfecto. Habrá días donde las dudas serán más grandes que sus propias fuerzas, momentos donde tendrá que encontrar esperanza cuando todo parezca incierto y situaciones que pondrán a prueba su forma de ver el mundo. Pero con cada experien cia aprenderá que la fortaleza no significa nunca caer, sino tener el valor de levantarse una vez más. Aylin descubrirá que las personas que llegan a nuestra vida, los lugares que conocemos y los momentos que vivimos forman pequeñas piezas de una historia mucho más grande. Una historia que poco a poco revela quiénes somos y quiénes estamos destinados a ser. C 7 The Road That Made Me es el recorrido de Aylin a través de sus recuerdos, sus aprendizajes, sus sueños y sus desafíos. Es una historia sobre encontrar la propia identidad, valorar a quienes nos acompañan y comprender que incluso los caminos más difíciles pueden convertirse en la razón por la que llegamos a ser la persona que somos. Porque al final, cada experiencia deja una huella. Y cada huella forma el camino que nos convierte en nosotros mismos. 8 1 EL DESPERTAR DE UN SUEÑO “Todo cambio comienza cuando decides escucharte a ti misma.” ylin era una joven alegre, de esas personas que parecían iluminar cualquier lugar sin proponérselo. Tenía una forma especial de tratar a los demás; sabía escuchar, acompañar y hacer sentir importantes a quienes estaban a su alrededor. No necesitaba llamar la atención para destacar, porque su manera de ser hablaba por ella. Desde pequeña había aprendido el valor de la amistad. En el kínder conoció a varias personas que, con el paso de los años, se convertirían en una parte importante de su vida. Algunas de esas amistades la acompañaron durante su crecimiento, pero fue en la e scuela donde conoció a Valentina, una persona que poco a poco se convirtió en alguien muy especial para ella. Al principio no eran más que dos compañeras que compartían el mismo espacio. No sabían que aquella persona que estaba a su lado terminaría siendo una de sus mejores amigas. Con el tiempo, entre conversaciones, trabajos escolares, risas y pequeños momentos, comenzaron a descubrir que tenían mucho en común. La confianza fue creciendo poco a poco hasta convertirse en una amistad verdadera, de esas que se construyen con paciencia y que terminan sintiéndose como una familia. Valentina conocía una parte de Aylin que no todos podían ver. Sabía que detrás de esa sonrisa y esa energía que mostraba ante los demás también existía una joven que a veces se preocupaba demasiado, que se exigía más de lo necesario y que guardaba muchas c osas en silencio. Con dieciséis años, Aylin cursaba noveno con dedicación. Era responsable y siempre intentaba dar lo mejor de sí misma. Se exigía mucho, no porque alguien se lo pidiera, sino porque quería demostrar que era capaz de alcanzar sus metas. Sus profesores admira ban su esfuerzo y compromiso, aunque pocas veces notaban el cansancio que llevaba dentro. A pesar de todo, Aylin seguía encontrando felicidad en los pequeños momentos. Disfrutaba conversar, compartir con sus amigos y crear recuerdos que parecían simples, pero que con el tiempo se volverían importantes. A 9 Era sábado por la mañana cuando el sonido del celular rompió la tranquilidad de su habitación. Aún medio dormida, Aylin tomó el celular vio el nombre de Valentina en la pantalla. Una sonrisa apareció en su rostro; sabía que, de alguna manera, ese día tendr ía un momento especial. — Hola, Aylin... ¿cómo amaneciste? — preguntó Valentina al contestar. — Bien... todavía un poco dormida, pero bien. ¿Y tú? ¿Qué tienes para hoy? — Nada... mis papás van a salir. Pensé que podríamos ir al parque un rato. — Claro, me parece bien. Nos vemos allá. Aylin dejó el celular a un lado mientras comenzaba a prepararse. Sin saberlo, aquel día que parecía ser como cualquier otro terminaría convirtiéndose en uno de esos recuerdos que permanecerían con ella durante mucho tiempo. Mientras escogía qué ponerse y terminaba de arreglarse, su celular volvió a sonar. Esta vez no era Valentina. Era un mensaje de Ángel, su novio. Hacía cuatro meses habían comenzado una relación después de conocerse en una charla. Al principio todo había sido como una historia que parecía sacada de un libro: conversaciones interminables, mensajes llenos de cariño, detalles pequeños que la hacían son reír y esa emoción de estar descubriendo a alguien nuevo. Aylin había disfrutado mucho esa etapa. Sentía que había encontrado a una persona con quien podía compartir sus pensamientos, sus días y sus momentos importantes. Pero con el paso del tiempo, como sucede en muchas relaciones, las cosas comenzaron a cambiar poco a poco. No ocurrió de un día para otro; simplemente algunos detalles dejaron de estar presentes. Las conversaciones ya no eran iguales, la emoción del inicio se fue apagando y Aylin empezó a sentir que algo había cambiado entre ellos. Tomó el celular y abrió el mensaje. — ¿Por qué me dejaste en visto ayer? — leyó en voz baja. Se quedó mirando la pantalla durante unos segundos, pero no respondió. No porque quisiera ignorarlo, sino porque en ese momento no sabía cómo explicar lo que sentía. Bloqueó el celular y lo dejó a un lado, intentando no pensar demasiado en ello. 10 Para distraerse, abrió sus redes sociales sin mucha intención. Comenzó a deslizar publicaciones sin prestar demasiada atención, hasta que una imagen hizo que se detuviera. Era una academia de baile anunciando becas disponibles. No fue una emoción inmediata, sino algo más profundo, más silencioso. Entró a la publicación y comenzó a ver videos de las clases, las presentaciones y los movimientos de quienes bailaban. Poco a poco, algo dentro de ella comenzó a despertar. Recordó lo que significaba bailar. No era solamente aprender pasos o estar sobre un escenario. Para ella, el baile era ese lugar donde podía olvidarse de todo, donde sus preocupaciones desaparecían y podía sentirse completamente libre. Pero había tenido que alejarse. Meses atrás, una enfermedad la había obligado a detener muchas de las cosas que amaba. El baile había quedado en pausa, esperando el momento en que pudiera regresar. Recordó los ensayos, las risas, los momentos antes de bailar y todo lo que esa etapa había significado para ella. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que se permitió imaginar volver. Pero ahora, por primera vez en meses, esa posibilidad parecía estar frente a ella. Aylin se quedó frente a la pantalla completamente concentrada. Lo que al principio había sido solo una publicación más en sus redes terminó convirtiéndose en algo que captó toda su atención. Comenzó a investigar sobre la academia, revisó las clases disponibles, los horarios, los requisitos de matrícula y cada detalle que pudiera acercarla nuevamente al mundo del baile. Mientras más descubría, más crecía esa emoción que había estado guardada durante meses. Por un momento dejó de pensar en todo lo demás. Olvidó el mensaje de Ángel, las preocupaciones que había tenido durante los últimos días e incluso la salida que había planeado con Valentina. 11 El tiempo pasó sin que se diera cuenta. Entre videos, información y recuerdos, Aylin volvió a sentirse como aquella niña que disfrutaba bailar sin preocuparse por nada más. Era como si una parte de ella que había permanecido dormida durante mucho tiempo estuviera despertando nuevamente. Cuando finalmente levantó la mirada de la pantalla, notó la hora. Sus ojos se abrieron con sorpresa. — No puede ser... — susurró. Había pasado mucho más tiempo del que imaginaba. El entusiasmo que había sentido momentos antes se mezcló con una pequeña preocupación. Había olvidado por completo la salida con su mejor amiga. Aylin se levantó rápidamente y terminó de arreglarse. Tomó su pequeño bolso, revisó que llevara todo lo necesario y, antes de salir, abrió la pequeña cajita que tenía sobre su mesa de noche. Sacó algo de dinero que había guardado allí, lo acomodó dentro de su bolso y miró por última vez la habitación. Por un momento, pensó en todo lo que había pasado esa mañana: el mensaje que decidió dejar sin respuesta, los recuerdos que habían vuelto al ver aquellos videos de baile y esa sensación extraña de volver a encontrar una parte de ella que creía perdida. Cerró la puerta detrás de sí y salió rumbo al parque. El aire de la mañana se sentía tranquilo mientras caminaba. No sabía exactamente qué iba a pasar ese día, pero después de mucho tiempo sentía una pequeña emoción creciendo dentro de ella. Como si, poco a poco, estuviera volviendo a encontrarse consigo misma. Cuando Aylin llegó al parque, una sonrisa apareció en su rostro al verla. Valentina ya estaba esperándola sentada en una de las bancas, observando a las personas pasar mientras jugaba distraídamente con sus manos. Al notar que Aylin se acercaba, levantó la mirada y sonrió de inmediato. Sin pensarlo demasiado, se levantó y caminó hacia ella para abrazarla. 12 — Te extrañaba — dijo Valentina con una pequeña sonrisa, como si esas dos palabras resumieran todo el tiempo que habían pasado sin verse. Aylin correspondió el abrazo con cariño. Había extrañado esos momentos simples, donde no tenía que fingir que todo estaba bien. — Yo también te extrañaba — respondió con una sonrisa sincera. Ambas se sentaron en la banca mientras disfrutaban la tranquilidad del lugar. Durante unos minutos hablaron de cosas pequeñas, recordando momentos y poniéndose al día con sus vidas. Pero Valentina notó algo en la mirada de Aylin. Aunque estaba sonriendo, parecía tener algo en la mente. — ¿Te pasa algo? — preguntó con cuidado, mirándola con atención. Aylin bajó un poco la mirada y jugó con la correa de su bolso antes de responder. — En realidad... sí. Hoy vi algo en redes sociales — dijo, haciendo una pequeña pausa — . Era una academia de baile que estaba dando becas. Sus ojos comenzaron a iluminarse mientras hablaba. — No sé cómo explicarlo, pero cuando vi los videos sentí algo diferente. Me dieron muchas ganas de volver a bailar. Valentina sonrió al verla emocionarse de esa manera. — Entonces deberías hacerlo — respondió sin dudar — Si es algo que realmente te hace feliz, no deberías dejarlo atrás por miedo. Aylin guardó silencio por unos segundos. La emoción que había sentido antes comenzó a mezclarse con las preocupaciones que llevaba dentro. — Ojalá fuera tan fácil... — dijo con una pequeña sonrisa triste — . No es solo por el baile. Valentina la observó esperando que continuara. — Mi relación con Ángel está rara últimamente — confesó Aylin en voz baja — . Al principio todo era diferente, pero siento que poco a poco las cosas cambiaron. Hizo una pausa antes de continuar. 13 — Y en mi casa... casi nunca hay alguien con quien pueda hablar. A veces siento que tengo muchas cosas guardadas y no sé con quién compartirlas. Valentina la escuchó con atención, sin interrumpirla. Sabía que Aylin no siempre hablaba de lo que sentía, así que para ella era importante simplemente estar ahí. — Aylin... no tienes que cargar con todo sola — dijo con suavidad — . Si algo te está haciendo sentir mal, tienes derecho a pensarlo y buscar algo que te haga bien. Aylin respiró profundamente mientras miraba hacia el frente. — Tal vez tienes razón... — respondió con una pequeña sonrisa — . Creo que necesito volver a hacer algo por mí. Valentina sonrió al verla un poco más tranquila. — La Aylin que yo conozco siempre ha sido esa persona que brilla cuando hace lo que ama. Esas palabras hicieron que Aylin sonriera. Por mucho tiempo había dejado que el miedo y las dudas decidieran por ella, pero en ese momento recordó por qué amaba tanto bailar. — Creo que voy a intentarlo — dijo Aylin mirando a Valentina con una sonrisa tímida. Valentina la miró con alegría. — Sabía que ibas a hacerlo. Aylin tomó aire y, antes de que sus dudas regresaran, llenó el formulario de inscripción. Sus manos se movían con un poco de nervios, pero al mismo tiempo sentía una felicidad que no había experimentado en mucho tiempo. Después de confirmar sus datos, recibió inmediatamente la fecha de la prueba. Al leer el mensaje, sus ojos se iluminaron. — No sabes lo feliz que me siento ahora mismo — dijo Aylin mirando la pantalla con ilusión. Valentina sonrió orgullosa al verla así. — Siempre fuiste buena, Aylin. Nunca dejaste de serlo. 14 Valentina sonrió al verla un poco más tranquila. Después de unos segundos de silencio, recordó algo y miró a Aylin con curiosidad. — Por cierto... gracias de verdad — dijo Aylin con una sonrisa sincera — . Oye, ¿me vas a acompañar a mi práctica? Me dijeron que es mañana en la tarde. Valentina levantó las cejas como si la respuesta fuera obvia. — Claro, por supuesto. Sabes que no te voy a dejar sola — respondió con una sonrisa mientras le daba un pequeño golpe en el hombro de manera amistosa — Pero ahora cuéntame... ¿qué vas a hacer con Ángel? La sonrisa de Aylin disminuyó un poco. Bajó la mirada mientras pensaba en la pregunta. — No sé... — admitió después de unos segundos — . Siento que él hace que retroceda con mis sueños. Valentina la miró con preocupación, pero sin juzgarla. — Aylin... entonces tienes que pensar en ti también. No puedes seguir quedándote en un lugar donde sientes que estás dejando de ser quien eres. Aylin suspiró y miró hacia el parque. Sabía que aquellas palabras tenían algo de verdad, aunque todavía no estaba lista para aceptar completamente lo que significaban. — Será... — respondió con una pequeña sonrisa — . Puede que lo haga mañana. Pero por ahora quiero disfrutar este momento. Valentina sonrió al verla así. — Me alegra mucho verte con esa sonrisa otra vez — dijo con sinceridad — Extrañaba verte emocionarte por algo. Aylin la miró y sonrió. — Te amo mucho, Vale. — Yo también te amo mucho — respondió Valentina con una sonrisa. Las dos rieron suavemente, dejando que la tranquilidad del momento llenara el espacio entre ellas. Después de unos segundos, Aylin se levantó de la banca y miró a Valentina con una expresión más alegre. 15 — Oye... ¿vamos por un helado? Valentina sonrió divertida. — Sabía que ibas a decir eso. Ambas comenzaron a caminar por el parque, disfrutando de ese pequeño momento que, sin saberlo, Aylin había necesitado durante mucho tiempo. La tarde continuó entre risas, conversaciones y momentos que parecían simples, pero que para Aylin significaban mucho más de lo que imaginaba. Después del helado, ambas caminaron por el parque sin prisa. Hablaron de recuerdos de la escuela, de personas que habían conocido durante los años y de todas esas pequeñas cosas que solo dos amigas que han compartido mucho tiempo pueden entender. Por un momento, Aylin dejó de pensar en los problemas que llevaba acumulando. No pensó en los mensajes pendientes, en las dudas sobre su relación ni en todo aquello que había estado guardando en silencio durante tanto tiempo. Solo disfrutó. Valentina logró hacerla reír como antes, recordándole esa versión de Aylin que a veces parecía esconderse detrás de sus preocupaciones. Esa joven que se emocionaba por las cosas pequeñas, que soñaba y que encontraba felicidad en momentos sencillos. Mientras el sol comenzaba a bajar, ambas se sentaron nuevamente en una banca para descansar. — Gracias por hoy — dijo Aylin con una sonrisa tranquila — . De verdad necesitaba esto. Valentina la miró con cariño. — Siempre voy a estar para ti, Aylin. No importa lo que pase. Aquellas palabras hicieron que Aylin sonriera. Sabía que no tenía todas las respuestas todavía, pero por primera vez en mucho tiempo sentía que podía volver a intentarlo. Cuando llegó la hora de despedirse, ambas se abrazaron antes de tomar caminos diferentes. — Nos vemos mañana en la práctica — dijo Aylin sonriendo. 16 — Ahí estaré — respondió Valentina con una seguridad que no había sentido en mucho tiempo. Aylin comenzó a caminar de regreso a casa con una sensación diferente en el corazón. La tarde no había cambiado todos sus problemas, pero sí había cambiado algo dentro de ella. Después de mucho tiempo, volvía a sentir ilusión por algo. Al día siguiente, Aylin llegó al colegio como cualquier otra mañana. Las clases pasaron entre apuntes, explicaciones de los profesores y conversaciones con sus compañeros. Intentaba concentrarse, pero su mente volvía una y otra vez a lo ocurrido el día anterior. Aun así, había algo diferente en ella. Por primera vez en mucho tiempo sentía que estaba haciendo algo por sí misma. La práctica de baile se acercaba y, aunque seguía nerviosa, una pequeña emoción la acompañaba durante el día. Durante el recreo conversó con sus amigos y sonrió en algunos momentos. Intentaba disfrutar la rutina, aunque sabía que todavía tenía una conversación pendiente. Cuando llegó la hora del almuerzo, el colegio volvió a llenarse de conversaciones y risas. Muchos estudiantes caminaban en grupos por los pasillos o se reunían en diferentes rincones para compartir el descanso. Aylin, en cambio, tenía una rutina distinta. Nunca había sido una persona muy sociable dentro de su salón. Era tranquila, reservada y prefería escuchar antes que hablar. Aunque se llevaba bien con sus compañeros, no tenía amistades cercanas dentro de su aula. Las personas con las que realmente compar tía eran amigos que había conocido fuera del colegio, algunos desde hacía varios años. Por eso, cada almuerzo hacía lo mismo. Tomaba su comida, caminaba hasta la parte de atrás de las aulas y se sentaba en el piso, donde el ambiente era más tranquilo. Desde ahí observaba el movimiento del colegio mientras almorzaba con calma. 17 Muchas veces pasaba ese rato conversando por chat con sus amigos, respondiendo mensajes o compartiendo cómo había ido su mañana. Era una costumbre que había adoptado con el tiempo y que disfrutaba más que intentar encajar en conversaciones donde nunca se h abía sentido completamente parte. Aquel día no fue diferente. Se acomodó en el piso, dejó su almuerzo a un lado y sacó el celular de su bolso. Sin embargo, esa vez no iba a escribirle a alguno de sus amigos. Había una conversación que llevaba demasiado tiempo posponiendo. Abrió el chat de Ángel y permaneció varios segundos observando la pantalla, intentando encontrar las palabras adecuadas. Después de cuatro meses juntos y de tantos recuerdos compartidos, escribir aquel mensaje se sentía mucho más difícil de lo que Aylin había imaginado. Respiró profundamente mientras observaba la pantalla de su celular. Sus dedos permanecieron inmóviles durante unos segundos hasta que, finalmente, comenzaron a escribir. — Ángel... he estado pensando mucho en nosotros. Suspiró y continuó escribiendo. — No quiero hacer esto más complicado de lo que ya es, pero siento que nuestra relación ya no es la misma. — ¿Estás hablando en serio? — escribió, y Aylin pudo imaginar la sorpresa detrás de esas palabras. — ¿Pero por qué? ¿Hice algo malo? — No, Ángel. No hiciste nada malo. Simplemente siento que ya no soy feliz como antes. — Pensé que estábamos bien... — Yo también lo intenté. Intenté convencerme de que todo volvería a ser como al principio, pero no fue así. Y seguir fingiendo sería injusto para los dos. Del otro lado del chat no llegó ninguna respuesta inmediata. Los segundos comenzaron a pasar y, poco a poco, el silencio se hizo presente. 18 Aylin permaneció observando la pantalla de su celular durante unos instantes, como si esperara que aparecieran unas últimas palabras. Sin embargo, eso nunca ocurrió. Con un suspiro, bloqueó el celular y lo guardó dentro de su bolso. Después levantó la mirada para seguir almorzando sin imaginar todo lo que acababa de pasar. Llevó una mano a su pecho y respiró profundamente. Le dolía haber tomado aquella decisión. No porque creyera que era la equivocada, sino porque despedirse de alguien que alguna vez fue importante nunca resulta sencillo. Aun así, en medio de esa tristeza había una sensación diferente. Por primera vez no estaba tomando una decisión para complacer a alguien más ni por miedo a quedarse sola. La estaba tomando por ella. Y, aunque el camino apenas comenzaba, sabía que volver a elegirse a sí misma era el primer paso para reconstruir todo aquello que había dejado atrás. Aylin guardó el celular dentro de su bolso y respiró profundamente una vez más. No sentía felicidad, porque terminar una etapa nunca era fácil, pero sí una extraña sensación de alivio. Había tomado una decisión pensando en ella, en sus sueños y en la persona que quería volver a ser. Se puso de pie, tomó su bolso y caminó de regreso al salón. El resto de las clases transcurrió con normalidad. Escuchó a los profesores, tomó apuntes y respondió algunas actividades. De vez en cuando su mente recordaba la conversación con Ángel, pero ya no con la misma incertidumbre de antes. Había cerrado una etapa de su vida. Y, aunque dolía, sabía que era lo correcto. Cuando sonó la campana de su salida, Aylin salió del colegio junto al resto de los estudiantes. Mientras caminaba hacia su casa, no podía dejar de pensar en la práctica de baile que la esperaba esa tarde. Al llegar, dejó su bolso sobre la cama y fue directamente a darse un baño. El agua tibia pareció llevarse consigo el cansancio del día y los nervios que aún sentía. 19 Al salir, abrió su clóset y eligió la ropa con la que siempre entrenaba. Se recogió el cabello en una cola alta, acomodó cuidadosamente cada mechón frente al espejo y guardó una botella de agua, una toalla pequeña y todo lo necesario dentro de su bolso. Cuando terminó de alistarse, el sonido de su celular rompió el silencio de la habitación. Aylin tomó el celular y una pequeña sonrisa apareció en su rostro al ver el nombre de Valentina en la pantalla. Sin hacerlo esperar demasiado, deslizó el dedo para re sponder la llamada. — ¿Lista? — preguntó Valentina con entusiasmo al otro lado de la línea. Aylin soltó una pequeña risa mientras terminaba de acomodar su bolso. — Más nerviosa que lista. — Es normal. La primera práctica siempre da nervios, pero recuerda que no vas sola. Te dije que te iba a acompañar. Las palabras de su amiga hicieron que Aylin sintiera un poco de tranquilidad. — Gracias, Vale. De verdad significa mucho para mí. — Nos vemos en unos minutos. Paso por ti y nos vamos juntas. — Está bien. Aquí te espero. Cuando la llamada terminó, Aylin guardó el celular, tomó su bolso y respiró profundamente antes de salir de su habitación. Estaba a punto de regresar al lugar que durante meses había extrañado. Unos minutos después, Valentina llegó hasta la casa de Aylin. Apenas se vieron, ambas sonrieron con emoción. Las dos comenzaron a caminar juntas hacia la academia. Durante el trayecto conversaron de cualquier cosa que se les ocurría. Recordaron algunas anécdotas de la escuela, se rieron de momentos vergonzosos que habían vivido juntas y, por unos minutos, los ner vios de Aylin parecieron desaparecer. Mientras más se acercaban, el corazón de Aylin comenzaba a latir con más fuerza. Al llegar, levantó la mirada y se quedó observando el edificio frente a ella. Una sonrisa apareció casi de inmediato en su rostro y sus ojos se iluminaron. Hacía meses que no volvía a ese lugar y, aun así, sentía que nunca había dejado de pertenecer allí. Era como reencontrarse con una parte de sí misma que había permanecido dormida durante mucho tiempo. 20 Respiró profundamente antes de entrar. La emoción y los nervios se mezclaban en su pecho, pero esta vez ninguno de los dos era suficiente para hacerla retroceder. Apenas cruzaron la puerta, una joven que se encontraba en la recepción las recibió con una amable sonrisa. — Buenas tardes. ¿En qué puedo ayudarles? — Buenas tardes — respondió Aylin con una sonrisa algo nerviosa — . Vengo por la práctica de ingreso. — Claro. ¿Me regalas tu nombre, por favor? La recepcionista buscó unos segundos en la computadora y luego volvió a sonreír. — Perfecto, Aylin. Tu práctica comienza en unos minutos. Puedes subir al segundo piso; el profesor ya te está esperando. — Muchas gracias — respondió Aylin con una sonrisa sincera. Ambas subieron las escaleras mientras los nervios volvían poco a poco. Al llegar al segundo piso encontraron un salón amplio, con enormes espejos cubriendo una pared completa. La música sonaba a un volumen bajo mientras varios jóvenes terminaban de estirar. — Buenas tardes — saludó Valentina con amabilidad. El profesor levantó la vista y sonrió. — Hola. Tú debes ser Aylin, ¿verdad? Eras la única que faltaba. — Sí... perdón por el atraso. El profesor negó con la cabeza. — Tranquila. Apenas estamos calentando. Si quieres, puedes comenzar a estirar mientras terminamos esta parte. Haré tu prueba al final para que tengas tiempo de prepararte. Tomó una colchoneta y caminó hacia una esquina del salón junto a Valentina. Mientras comenzaba a estirar lentamente cada músculo, intentaba relajarse antes de la prueba.