1 2. Anatomía del sistema económico y desarrollo Una vez identificados los vínculos que van de la cooperación y el conflicto a las organizaciones y las instituciones, analizaremos ahora más detenidamente la forma que adquieren esos vínculos en los sistemas económicos de la actualidad. Utilizaremos como guía un esquema que representa la anatomía del sistema económico. El esquema retoma los conceptos de software y hardware presentados en la introducción y muestra cómo el software contribuye a estructurar las organizaciones económicas de forma que la sociedad pueda extraer un mayor excedente utilizando cooperativamente los recursos del hardware. El capítulo está dividido en cinco secciones. La primera presenta el esquema del sistema económico y las dos siguientes analizan sus principales componentes. La cuarta sección explica cómo interactúan el software, el hardware y las organizaciones en el proceso económico. La última sección está dedicada a discutir los criterios para evaluar el desempeño de una economía, con especial énfasis en la noción de desarrollo humano utilizada por las Naciones Unidas. 1. Esquema del sistema económico El diagrama de la figura 2.1 brinda una visión estilizada de la anatomía del sistema económico. El rectángulo de línea llena que enmarca a todo el diagrama simboliza el sistema económico. Dentro de ese rectángulo aparecen, a su vez, dos rectángulos de línea punteada que representan el hardware y el software. Estos actúan como soporte de las tareas especializadas y complementarias que forman parte de las actividades económicas que se realizan en el seno de organizaciones. El conjunto de las organizaciones del sistema económico está representado por la forma geométrica de contorno irregular que se encuentra en el centro de la figura 2.1. El propósito fundamental del esquema es mostrar cómo se articulan el software y las organizaciones de la economía para permitir que los recursos contenidos en el hardware puedan ser utilizados en la consecución del desarrollo humano. 2 Figura 2.1Anatomía del Sistema Económico Si bien el objetivo de la cooperación económica es producir un excedente por 3 encima de lo que cada agente podría conseguir por sí solo, maximizar el crecimiento del excedente o valor agregado no es el propósito último del sistema económico. Ninguna sociedad actual evalúa su desempeño sólo en base a un indicador de crecimiento. Como muestran las tres flechas que aparecen sobre la derecha de la figura 2.1, además de la tasa de crecimiento también se utilizan, como mínimo, indicadores de estabilidad y distribución. La estabilidad es central pues de nada serviría maximizar el crecimiento si el proceso no pudiera sostenerse en el tiempo. La distribución es relevante, a su vez, porque si existiera gran desigualdad o altos niveles de pobreza, el crecimiento no sería inclusivo y, por ende, no sería funcional para promover el desarrollo humano. Generar crecimiento inclusivo es particularmente arduo cuando la estructura productiva es muy heterogénea. En los países emergentes es usual que exista un sector formal y otro informal y no necesariamente el crecimiento beneficia a todos por igual. Es frecuente observar procesos de mejoras en el bienestar que van acompañados de incrementos en la desigualdad debido a que, si bien el crecimiento posibilita aumentos salariales en el sector formal, no se crean al mismo tiempo empleos de calidad suficientes como para absorber trabajadores del sector informal o de subsistencia. En una sociedad democrática, cuando el proceso de crecimiento es no inclusivo, la probabilidad de que no resulte sostenible aumenta: la exclusión provoca conflictos sociales y políticos que terminan afectando la estabilidad macroeconómica, retardan el mejoramiento de la calidad mano obra y debilitan los incentivos para la inversión productiva. La cuestión se discute en la última sección de este capítulo y se explica por qué es útil recurrir, además de los indicadores tradicionales de crecimiento, estabilidad y distribución, a la noción de desarrollo humano de las Naciones Unidas, un criterio universalmente utilizado para evaluar el grado de desarrollo. 2. Hardware Como ya vimos, la actividad económica enfrenta dos restricciones básicas: la escasez material y la incertidumbre o ignorancia respecto de las condiciones del entorno y de cómo operar sobre él. De aquí que en el rectángulo del hardware que contiene los recursos de la economía no sólo aparecen los recursos humanos y materiales –el capital físico y los recursos naturales– sino también el stock disponible de conocimiento (información y tecnología). Asimismo, en el caso de los recursos humanos nos interesará saber con qué capacidad para procesar conocimientos y aprender de la experiencia cuentan los agentes. Estos recursos, al combinarse dentro de un espacio económico o geografía, dan lugar a la formación de una estructura productiva específica, representada en la figura 2.1 por el rectángulo de línea más gruesa situado en el centro del área correspondiente al hardware. Los recursos disponibles y la estructura productiva existentes en cada momento son el resultado de la 4 trayectoria seguida por la economía en el pasado. Como no se pueden modificar instantáneamente, esos elementos fijan los límites materiales de la actividad económica. Históricamente, la teoría privilegió el análisis de la restricción de escasez material y, en consonancia con ello, la economía se definía como el estudio acerca de cómo asignar esos recursos materiales escasos a usos alternativos. Se le daba relativamente menos importancia al factor conocimiento, aunque es cierto que Adam Smith (1958) enfatizó el rol de la división del trabajo, que coloca en el cuadro la cuestión de la organización y la tecnología. La mayor disponibilidad de capital físico o de recursos naturales mejora el bienestar, pero mientras el capital puede producirse a partir del trabajo humano, no es ese el caso de los recursos naturales, algunos de los cuales son renovables (como la tierra utilizada en la agricultura) y otros, no (como los combustibles fósiles o los minerales). El capital físico está conformado por bienes que se utilizan en la producción. En las estadísticas se consideran los rubros “maquinaria y equipo”, “construcciones” (civiles e infraestructura)” y “acumulación de stocks”. Para contar con capital es necesario, obviamente, no consumir todo lo que se produce: se necesita ahorrar para estar en condiciones de invertir en bienes de capital. De ahí que Smith afirmara que el ahorro es la base de la riqueza de las naciones. La intensidad de la inversión se suele medir en base al coeficiente de inversión (proporción invertida del PBI). ¿Qué ocurre si un país desea invertir en bienes de capital y no cuenta con ahorro suficiente? En ese caso, debe endeudarse en el exterior y ello se reflejará como un déficit de cuenta corriente financiado con ahorro del resto del mundo. Por supuesto, esto supone que el resto del mundo está dispuesto a prestar y no necesariamente ello es así: a veces los extranjeros no tienen confianza o encuentran demasiado bajo el rendimiento y no prestan. Por otra parte, si un país invierte menos de lo que ahorra, tendrá un superávit de cuenta corriente y ello implica que le estará prestando al resto del mundo. Esto es de crítica importancia para comprender los desafíos que enfrenta la Argentina. Nuestro país, como veremos, pasó de generar déficit de cuenta corriente en los noventa a generar superávit en la década de los dos mil y ello contribuyó a estabilizar la economía. Lamentablemente, ese superávit en la actualidad se está evaporando, de la mano del creciente gasto en energía importada (véase Parte III). Como los recursos naturales no son reproducibles, su precio depende mucho de la demanda. Cuando esta sube, el precio tiende a subir y produce rentas extraordinarias. Hoy, gracias al elevado crecimiento de China e India –grandes demandantes de materias primas como soja y cobre–, América del Sur se está favoreciendo con este tipo de rentas (Sinnot et al., 2010; Izquierdo y Talvi, 2011). Estas rentas se expresan en aumentos en los términos del intercambio, que es la relación entre los precios de la canasta de exportaciones (que subieron) y la canasta de importaciones (que no subieron o subieron menos). Podría parecer que para disponer de recursos naturales no hace falta ahorrar pues se trata de bienes no producidos y que, por ende, no reclaman ahorro. Sin 5 embargo, esto no es enteramente así: averiguar dónde están los recursos y extraerlos demanda inversión en exploración e infraestructura. Asimismo, muchos de los recursos naturales que hoy utilizamos tienen incorporadas tecnologías sofisticadas que, por ejemplo, los transforman genéticamente. El desarrollo o adquisición de esas tecnologías demanda la inversión de una parte de los ahorros de la sociedad. Este punto es básico para comprender lo que está ocurriendo en la agricultura y en el sector energético en la Argentina. Como veremos en la tercera parte, ha habido una revolución tecnológica en agricultura y una aguda falta de inversión en exploración en gas y petróleo, que se está reflejando en un desbalance creciente en la balanza energética. La dotación de recursos humanos contenidos en el hardware depende de dos elementos fundamentales. El primero es la demografía, que es un determinante central del tamaño y las características de la fuerza de trabajo o población económicamente activa (PEA). El segundo elemento es el nivel de calificación de las personas que componen la PEA. Dos países pueden tener idéntica cantidad de trabajadores y una capacidad productiva muy diferente si la mano de obra tiene niveles dispares de capacitación. Para reflejar este punto, la economía utiliza el concepto de capital humano (véase Psacharopoulos y Patrinos, 2004). Las variables esenciales que influyen sobre el capital humano son la educación, la salud y la experiencia: la mano de obra es más productiva cuanto más educada y saludable y cuanto más aprende a través de su experiencia en el proceso productivo. En parte, la acumulación de este tipo de capital obedece a motivaciones pecuniarias, pero las políticas públicas (salud, educación), las iniciativas de instituciones sin fines de lucro y el comportamiento de las familias también son muy importantes. Un punto a destacar es que el nivel de capital humano determina la inversión mínima necesaria no sólo para mantener ese nivel sino, incluso, para que las nuevas generaciones puedan utilizar las tecnologías existentes. Un niño que no lee encontraría muy difícil desenvolverse en la sociedad moderna así como utilizar las tecnologías heredadas de sus padres. Lo mismo le pasaría a un país que no mantuviera el paso con el resto del mundo y se atrasara en su educación. Las formas más habituales de medir el capital humano de una sociedad son la esperanza de vida y el promedio de años de escolarización alcanzados por la población. También se utilizan indicadores como la incidencia de las enfermedades típicas del subdesarrollo, la tasa de analfabetismo, y los niveles de cobertura del nivel primario, secundario y universitario. Los indicadores de capital humano en la Argentina serán revisados en la tercera parte del libro. En lo relativo a la demografía, las variables relevantes son la cantidad de población, su composición y su tasa de crecimiento. La evolución de estas variables influye sobre dos determinantes clave del crecimiento: la oferta de trabajo disponible en cada momento y la tasa de dependencia. Hay que considerar, no obstante, que las variables demográficas evolucionan de manera conjunta dentro de un proceso de largo plazo que se conoce como transición demográfica. Esta transición se asocia con la industrialización y la 6 urbanización y en las primeras sociedades que la experimentaron el proceso duró cerca de un siglo. Con posterioridad la transición se aceleró y hoy se desarrolla en unas pocas décadas. A lo largo de la transición demográfica la sociedad pasa de una situación de altas tasas de natalidad y mortalidad a otra en que ambas tasas muestran valores bajos. La natalidad y la mortalidad, sin embargo, no bajan de manera coordinada durante el proceso y ello determina que la transición pase por distintas etapas. En una primera etapa, cuando las sociedades disfrutan de incrementos en la productividad –debido, por ejemplo, a la industrialización– mejoran las condiciones de vida, la mortalidad se reduce y ello incrementa la tasa de crecimiento poblacional. Bajo tales circunstancias acumular recursos se hace bastante arduo: como hay muchos niños por hogar, la tasa de dependencia es alta y es difícil ahorrar e invertir en educación. Esta etapa, no obstante, es seguida por otra en que la tasa de natalidad se reduce marcadamente, lo que da lugar a lo que se llama “dividendo o bonus demográfico” (Naciones Unidas, 2004). La caída en la tasa de natalidad se traduce en un aumento en la relación entre la población que está en condiciones de trabajar y la que no, en un contexto en que aún es baja la proporción de ancianos. Esto favorece el crecimiento no sólo porque aumenta la oferta laboral, sino también porque al caer la tasa de dependencia dentro de los hogares se facilita el aumento del ahorro y de la inversión en el capital humano de los niños. Si el ahorro se invierte correctamente, la productividad y la riqueza aumentan. A medida que pasa el tiempo, no obstante, al ser más alta la expectativa de vida, la población envejece y la tasa de dependencia, después de tocar un mínimo, comienza a crecer debido ahora a la creciente cantidad de ancianos dependientes. Esto es lo que da lugar al fin del período del dividendo. La ventana de oportunidad para el crecimiento, caracterizada por la alta participación en la fuerza de trabajo y el alto ahorro, se cierra para dar paso al período de envejecimiento. Habrá cada vez más ancianos inactivos pesando sobre la PEA y los mecanismos de seguridad social. La Argentina en la actualidad está en la etapa del dividendo. En el capítulo correspondiente a recursos humanos veremos las oportunidades y desafíos que esto conlleva. Veremos, además, que para la Argentina es también importante lo que ocurre con la transición demográfica en el nivel global y, particularmente, en el caso de socios comerciales clave como China y Brasil. Por ahora, sólo deseamos llamar la atención respecto de que, al estar diferentes regiones transitando diferentes estadios de la transición demográfica, se crean asimetrías que pueden afectar a nuestro país tanto positiva como negativamente. El conocimiento es un componente del hardware en la medida que crea valor al reducir el nivel de nuestra ignorancia. La característica esencial que lo diferencia de los otros elementos es que se trata de un factor de la producción que es intangible. Por otra parte, como ya se señaló en el capítulo anterior, el conocimiento puede estar codificado o ser tácito. El primero es más fácil de transmitir y de enseñar en instituciones educativas, el segundo está más 7 asociado con la práctica y la experiencia, pero, por supuesto, es usual que el conocimiento tácito pueda codificarse. Cuando la economía trató de explicar en detalle a través de qué canales el conocimiento aporta valor, se descubrió literalmente un mundo nuevo. Para nuestros objetivos, hay dos cuestiones básicas a remarcar en relación con este mundo nuevo: por un lado, que hay muchas formas de ser ignorante y, por otro, que el conocimiento no es un bien como cualquier otro; no es lo mismo un automóvil que el teorema de Pitágoras y ello tiene consecuencias para los incentivos. En cuanto a las formas de ignorancia que son relevantes en economía, se pueden clasificar en tres categorías generales: 1. Se pueden ignorar cosas: ¿dónde están los recursos? ¿Es eficiente este postulante? ¿Ocurrió este hecho efectivamente? ¿Y cómo ocurrió? Llamaremos a este el problema de la información. Si se dispone de mayor información, la productividad de los factores aumenta. 2. Se puede ignorar cómo funcionan las cosas, cómo se usan o para qué sirven; es la dimensión del conocimiento técnico. Si las tecnologías disponibles mejoran, la capacidad del trabajador para crear valor agregado aumenta. 3. Los seres humanos no saben con certeza qué eventos ocurrirán en el futuro; es el problema de la incertidumbre. ¿Cuál es la probabilidad de que llueva y salga bien la cosecha? ¿Cuál es la probabilidad de que un nuevo empleado sea eficiente y responsable? Tener en cuenta estas diferencias es relevante en la evolución de la productividad, porque las actividades para informarse no son las mismas que hay que realizar para reducir la incertidumbre, y ello debe tomarse en cuenta a la hora de realizar un diagnóstico sobre qué traba el crecimiento. Por ejemplo, una economía puede ser rica en recursos naturales pero pobre en reglas de juego creíbles. Bajo esas circunstancias, tener información cierta sobre dónde se encuentran los recursos naturales tendrá poco valor económico si existe incertidumbre respecto de si se respetarán los derechos de propiedad sobre la explotación del recurso. Tampoco serviría de mucho saber dónde está el recurso si no se cuenta con la tecnología para extraerlo. En lo relativo a incentivos, el conocimiento se diferencia de manera sustancial de los bienes y servicios ordinarios en dos dimensiones: 1. La información y los conocimientos técnicos se pueden utilizar muchas veces. Por ejemplo, la fórmula para un medicamento: su aplicación en la preparación de un compuesto no implica su desaparición, como sí ocurrirá con los componentes farmacológicos, que desaparecerán cuando el medicamento se consuma. Cuando un bien tiene esta característica, en economía se dice que se trata de un bien que es no rival en el consumo. En cierto sentido, esto desafía la noción tradicional de 8 escasez. 2. Usualmente es difícil excluir al resto del uso de un cierto conocimiento. Por ejemplo, si un especialista llegara a conocer determinada fórmula para preparar un medicamento, sería complicado evitar que la utilizase otro experto; no sorprende, por ende, que haya tanta controversia internacional relativa a las patentes. Cuando alguien consume un medicamento, en cambio, en el mismo hecho de consumirlo está implícita la exclusión automática de otras personas enfermas. ¿Por qué son importantes estas dos características para la economía? Porque debido a ellas es muy difícil diseñar esquemas de motivación apropiados para la producción de conocimientos y, como vimos, la motivación es vital para cualquier formato organizacional. La razón de esto es simple. Cuando es difícil excluir a otros del uso y lo producido puede ser consumido por muchos sin que se “gaste”, se resienten los incentivos para producir conocimiento: la firma que invierta sus recursos en investigar las propiedades de una cierta combinación de drogas para curar una enfermedad, no podrá apropiarse de los beneficios si tiene éxito ya que otros laboratorios podrían “copiarse” y vender el medicamento sin haber invertido en investigar. Bajo estas circunstancias, es muy probable que los laboratorios piensen que es más conveniente esperar a que otro invierta esfuerzo en producir conocimiento para luego copiarlo. Si todos piensan así, nadie tendrá incentivos para producir conocimiento. Esto se conoce en economía como el problema del “free rider”, que mencionamos más arriba. Para manejarlo, se suelen imponer reglas ad hoc como el copyright y las patentes, que le dan al productor el poder de excluir del uso del conocimiento a otros. Claro que esto también tiene riesgos: firmas oportunistas podrían corromper a los reguladores y definir patentes sobre conocimientos ya existentes creando una restricción artificial para incrementar sus beneficios. También hay involucrados problemas de equidad e, incluso, éticos: por el afan de proteger los incentivos se podría privar de un medicamento a sectores con menores ingresos. Encontrar el balance justo entre estos elementos es extremadamente complejo. Debido a esto, la producción de conocimiento es muy demandante de software: si no se imponen reglas específicas, la información no se produce porque no hay incentivos para hacerlo, en vista de los problemas de no exclusión y no rivalidad en el consumo, pero también hay que evitar el fraude y atender consideraciones de equidad. Esto explica por qué las actividades que son intensivas en la producción de conocimiento tienden a estar bastante reguladas: los bancos, que producen información sobre la capacidad de pago de los clientes; la producción de tecnología, que está protegida por patentes, etc. De cualquier manera, diseñar el software apropiado no es fácil. Definir derechos de propiedad sobre el conocimiento y hacerlos cumplir es muy caro y a veces imposible, como a veces ocurre con los contenidos en internet. Otra forma de atacar el problema de los incentivos en la producción de conocimiento es que el Estado o determinadas fundaciones subsidien esa producción. Buena parte del conocimiento económico usado en estas páginas es de acceso prácticamente gratuito en revistas y libros producidos con 9 subsidios de diverso tipo. En síntesis, el hecho de que el conocimiento tenga características de no exclusión y no rivalidad resiente los incentivos, hace difícil diseñar organizaciones para su producción y uso y genera demandas de reglas de juego muy diferentes de las que plantea el uso de la tierra o de una máquina en las tareas productivas. No sorprende, en este sentido, que los mercados que involucran transacciones de información y conocimientos muestren fallas importantes. Por ahora, los teóricos de la economía y los reguladores tienen bastante para entretenerse con este tema. Con esta discusión sobre el conocimiento hemos completado la descripción de los elementos que conforman el hardware. Como ya se dijo más arriba al presentar la figura 2.1, esos elementos se combinan dentro de un espacio geográfico determinado formando estructuras productivas que son específicas de cada economía. Como la estructura productiva tiene múltiples dimensiones, no existe una sola forma de definirla o caracterizarla y, en gran medida, la descripción que se haga de la estructura dependerá del objetivo del análisis. En particular, se utilizan en nuestro estudio los siguientes criterios para clasificar la estructura productiva. ● Según el tipo de actividad: sector primario (minería, agricultura, ganadería, pesca), secundarios (industrial) y de servicios. ● Según la especialización en el comercio internacional. La división básica será entre economías especializadas en la exportación de productos primarios o en la de productos manufacturados. Para la clasificación se utiliza como criterio básico la participación de productos primarios o de productos industrializados en las exportaciones totales. ● Según el grado de exposición a la competencia internacional: se divide la economía en ramas transables y no transables. Las primeras están expuestas a la competencia internacional –como ocurre con los sectores que exportan o que sustituyen importaciones– mientras que las segundas no lo están –como ocurre con servicios como el estacionamiento o las peluquerías. ● Según la propiedad del capital de la organización. Distinguiremos entre sector público y sector privado y, en ocasiones, dentro del campo privado distinguiremos entre capital nacional y multinacional. ● Según la región. En este caso, la clasificación se hace en función de la localización y los fenómenos que se enfatizan son los subrayados por la geografía económica, como la aglomeración, las economías de escala y los acuerdos regionales (véase Venables, 2008a y 2008b). Es importante subrayar No todas las estructuras productivas, sin embargo, tienen igual capacidad para generar crecimiento: es clave cómo se combinan los distintos elementos del hardware . En relación con esto, es fascinante la 10 explicación que brinda Galor respecto del desarrollo del capitalismo a partir de la revolución industrial, que las interacciones entre los elementos del hardware es central para explicar el crecimiento. En particular, los desarrollos teóricos más recientes le dan gran importancia a la interacción entre la transición demográfica, el progreso técnico y la acumulación de capital fisico y humano. Según Galor (2005), la evolución de la humanidad estuvo en su mayor parte caracterizada por un estancamiento malthusiano: el avance tecnológico y los recursos no eran suficientes para seguir el paso del crecimiento de la población. El aumento del ingreso per cápita era minúsculo o negativo en muchas regiones. Esto cambió radicalmente en las últimas dos centurias. Hacia principios del siglo XIX, en ciertas regiones del mundo, los avances tecnológicos y la industrialización generaron incrementos de la productividad que fueron suficientes no sólo para sustentar una población creciente en un contexto de caída de la tasa de mortalidad sino, también, para aumentar el ingreso promedio de esa población y acumular capital físico por la vía del ahorro. A medida que el proceso de industrialización se profundizó, en la segunda etapa del mismo, el capital humano comenzó a ser cada vez más importante en el proceso productivo al tiempo que se redujo la tasa de natalidad. Esto último, como ya vimos, dió lugar al proceso de transición demográfica: al crecer menos la población y haber menos niños por hogar, se hizo posible que cada uno de ellos acumulara más capital humano y los incentivos para hacerlo se reforzaron porque la segunda etapa de la industrialización generó una mayor demanda de mano de obra calificada. Se instaló, así, un círculo virtuoso de efectos de retroalimentación que instauró un proceso de crecimiento sostenido. Este proceso, no obstante, sólo involucró a una parte del planeta, dando lugar a lo que se llamó la “gran divergencia”. El ratio del PBI per cápita entre la región más rica y la más pobre era de sólo 1,1:1 en el año 1000 y de 2:1 en el año 1500. En el año 1820 había pasado a 3:1. De ahí en más, en el curso de la gran divergencia, el ratio entre las ramificaciones más ricas de Occidente (Western offshoots: Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda) y la región más pobre del África creció de 3:1 en 1820 a 5:1 en 1870, 9:1 en 1913; 15:1 en 1950 y 18:1 en 2001. En el siglo actual, no obstante, se está dando una incipiente reversión de la gran divergencia en la medida que China, India y el mundo emergente están creciendo más que el grupo de países desarrollados. La Argentina, como veremos en el capítulo 5, se benefició enormemente con la gran divergencia, a partir de la segunda mitad del siglo XIX al integrarse con el Reino Unido, dentro del marco de la Primera Globalización, pero perdió impulso luego de la Segunda Guerra. Entre los países de mayor tamaño, un gran perdedor en el proceso de la gran divergencia fue China. Claro que en las últimas décadas este país parece empeñado en descontar posiciones de manera espectacular. Nuestro país se benefició con este despertar chino por las mismas razones por las que se había beneficiado en el siglo XIX: el incremento en la demanda por productos de origen primario respecto de los cuales cuenta con ventajas comparativas. En este sentido, la Argentina parece tener una segunda oportunidad para subirse al tren del desarrollo, pero por supuesto para no tener que descender en una estación intermedia deberá superar el obstáculo 11 que le impidió llegar al desarrollo en el pasado: invertir las rentas de los recursos naturales de forma de integrar una estructura productiva capaz de hacer crecer la productividad en base a actividades de alto rendimiento. En suma, cuanto mayor sea la disponibilidad de elementos en el hardware, menor será la fuerza de las dos restricciones básicas –escasez e ignorancia– y, por lo tanto, es natural asociar crecimiento sostenible con expansión continua del hardware. Esto parece evidente. Sin embargo, la visión de Galor que acabamos de comentar sobre la industrialización y la gran divergencia sugiere que, para sustentar el crecimiento, es necesario asegurar que haya una expansión armoniosa de todos los componentes del hardware, incluyendo el capital humano y el stock de conocimientos. En el capítulo que sigue nos ocupamos más detenidamente de este punto y en la Parte III discutiremos extensamente las razones por las cuales la Argentina ha encontrado dificultades para expandir el capital humano y los conocimientos técnicos aún cuando su riqueza de recursos le permitió alcanzar rápidamente un relativamente alto nivel de ingresos a mediados del siglo XX. Pasaremos, ahora, a describir los otros dos grandes componentes de la anatomía del sistema económico que aparecen en la figura 2.1: el software y las organizaciones. 3. Software y organizaciones El rectángulo que representa el software en la figura 2.1. tiene como componente principal el marco institucional de la economía, cuya función es, como ya se vio, proveer las reglas de juego que ordenan tanto las relaciones dentro de las organizaciones como las interacciones entre ellas. Esas reglas de juego son: los derechos de propiedad, las regulaciones, los contratos formales y relacionales, los formatos organizacionales y el régimen de políticas públicas. El marco institucional de la economía se asienta, a su vez, en dos pilares: la base jurídica general, que es provista por el sistema político, y las pautas culturales que surgen de la interacción social dentro de un proceso evolutivo (Greif y Kingston, 2011). Estos elementos guardan entre sí relaciones jerárquicas. Analizaremos con mayor detenimiento cada uno de estos componentes en el capítulo que sigue, donde estudiamos las causas de las fallas en las organizaciones y su relación con las deficiencias en el marco institucional. En el capítulo anterior arribamos a la conclusión de que las organizaciones que observamos en la economía representan equilibrios cooperativos surgidos de la interacción estratégica de una miríada de agentes y que modernamente las organizaciones se estructuran sobre la base de modelos o formatos organizacionales que son provistos por el marco institucional. También vimos que las organizaciones son muy diversas y que los agentes, además, participan de manera simultánea en muchas organizaciones de distinto tipo: lo hacen en 12 todas aquellas (mercados, firmas, familia, etc.) que les son útiles para procesar las tensiones entre conflicto y cooperación asociadas con sus actividades económicas. El proceso de estructuración de las organizaciones es en gran medida exógeno para cada individuo particular. Se trata de un cambio evolutivo y social. Como ocurre con la acumulación de capital físico de una sociedad, el stock de reglas de juego no puede crearse de la noche a la mañana. Los marcos institucionales y su buen uso en las prácticas organizacionales se desarrollan como un proceso social evolutivo; una generación le va dejando como herencia a la que sigue un conjunto de reglas de juego –de formatos organizacionales– que están en funcionamiento y sirven para organizar la actividad económica. Desde este punto de vista, está claro que las instituciones económicas son, para cada generación, un precioso legado de las generaciones anteriores que refleja el conocimiento adquirido al tratar de solucionar los problemas de negociación, coordinación, motivación y ejecución que enfrentaron a lo largo de un proceso evolutivo. Para el individuo que toma decisiones en un marco económico dado, sin embargo, el hecho de que las instituciones que regulan las organizaciones sean creaciones sociales es poco relevante. Esto es así porque, para el agente microeconómico que se desenvuelve en el ámbito de las organizaciones, las reglas del marco institucional existente actúan como restricciones que están dadas de antemano y a las cuales debe atenerse al decidir. Así, por ejemplo, una persona en busca de empleo debe llevar adelante una negociación muy acotada con una organización que ya existe y básicamente todo lo que podrá elegir voluntariamente es si acepta o no los esquemas de coordinación y motivación que ya están en funcionamiento. Lo mismo ocurre con un ahorrista que compra acciones de una firma: si no tiene una participación mayoritaria, su capacidad para influir sobre los objetivos y la forma de hacer las cosas de la empresa será prácticamente nula; su voluntad sólo podrá expresarse en la decisión de comprar o vender esas acciones. Así, la enorme ventaja de no tener que negociar desde cero gracias a que ya existen organizaciones en funcionamiento tiene un costo: acota los márgenes de acción de cada individuo. ¿Por qué es irregular la forma geométrica que representa a las organizaciones en la figura 2.1? Lo es para subrayar un hecho: los problemas de negociación, coordinación y motivación que es necesario resolver en el proceso de cooperación admiten para su solución una gran variedad de modelos organizacionales. Es por ello que la forma geométrica encierra cuatro óvalos que simbolizan las formas organizacionales típicamente presentes en una economía capitalista moderna: los mercados, las organizaciones privadas, las organizaciones públicas y las familias. La figura pequeña, también de contorno irregular, que aparece superpuesta a estos cuatro óvalos simboliza las tensiones entre cooperación y conflicto. Como ya se señaló en el capítulo anterior, la necesidad de resolver esas tensiones es la que da nacimiento a las organizaciones y son también esas tensiones las que hacen que la vida dentro de las organizaciones así como las relaciones entre ellas sean muy dinámicas. 13 No sorprende, por lo tanto, que las organizaciones de la economía estén permanentemente bajo la influencia de factores que las empujan tanto al cambio como al equilibrio. El mercado es un formato organizacional que descentraliza las decisiones –y también las negociaciones– al dejar que cada cual decida qué transacción realizar en función de lo que considera apropiado a sus intereses y sobre la base de la información parcial a la que tiene acceso. La tarea de coordinar y motivar queda así a cargo de los precios, que son fijados por “la mano invisible” de la oferta y la demanda (Smith, 1958). Los precios coordinan y motivan al mismo tiempo porque si un productor especializado en un bien o servicio produce más de lo necesario, el exceso de oferta hace caer los precios y crea incentivos para que caiga la oferta o suba la demanda, y lo contrario ocurre si hay un exceso de demanda. De esta forma, los precios se ajustan hasta igualar oferta y demanda. En ese punto de “equilibrio”, las decisiones terminan estando coordinadas a pesar de haber sido tomadas de forma descentralizada: cuando oferta y demanda son iguales, no se produce ni más ni menos que lo necesario. Hay un equilibrio cooperativo al que se llega sin que nadie lo busque explícitamente; de ahí la metáfora smithiana de “la mano invisible”. Las organizaciones privadas y públicas mitigan los costos de coordinar las decisiones colectivas y ejecutarlas porque reducen la cantidad de personas que toman decisiones por la vía de asignar el poder de decisión en función de una jerarquía de autoridades. Para motivar el esfuerzo de las personas que ocupan los puestos más elevados en la jerarquía, la remuneración se fija de manera acorde con la responsabilidad en la toma de decisiones. Este método lo utilizan organizaciones de todo tipo. Por ello, desde el punto de vista jurídico, las formas organizacionales jerárquicas son variadas e incluyen tanto entidades privadas (empresas, ONG) como públicas; en este último caso, dan lugar a la formación de burocracias. En este contexto, poner la motivación y los incentivos dentro de la organización en un primer plano no implica que los intereses materiales y egoístas sean los únicos que importan para elegir el modelo de organización. En el caso del capitalismo, la empresa con fines de lucro y el mercado juegan un rol protagónico. Pero están muy lejos de ser las únicas organizaciones relevantes: muchas transacciones y actividades que son vitales requieren formas de organización “a medida”; requieren de la creatividad del emprendedor para encontrar el formato de organización que conviene utilizar. Está claro que las transacciones de órganos para trasplantes o las acciones de beneficencia o la defensa nacional y del medio ambiente se adaptan poco a los esquemas de coordinación e incentivos de las organizaciones con fines de lucro. La actividad del emprendedor en una sociedad compleja, en consecuencia, está lejos de limitarse a la figura tradicional del empresario. Los emprendedores en los campos social, de la educación y cultural suelen elegir, típicamente, formatos organizacionales como las sociedades sin fines de lucro y las fundaciones. Dicho esto, también está claro que sería difícil diseñar y gerenciar una 14 organización –cualquiera que sea su objetivo– sin tomar en cuenta que la intensidad del esfuerzo puesto en la tarea por cada miembro estará muy influido por el premio esperado. La necesidad de motivar genera una relación directa entre eficiencia y distribución: cuanto mayor el premio, mayor el esfuerzo, pero también mayor la porción de la torta que se le asigna al más eficiente. Esta relación entre eficiencia y distribución es una fuente de dificultades y dilemas de política que aparecerán bajo distintas formas y ropajes en nuestro análisis de la economía argentina. La familia, en cuanto organización económica, está recibiendo una atención creciente por su influencia sobre tres factores: la demografía, la acumulación de capital humano y la formación de la identidad económica de los individuos. Este último punto se ha comenzado a estudiar sólo recientemente y ha puesto de manifiesto que parte de las reglas que influyen en el comportamiento están incorporadas en la identidad del individuo y no en la organización. La identidad está dada por creencias compartidas o esquemas cognitivos incorporados a través de procesos de socialización y aprendizaje en organizaciones como la familia y la escuela. En la medida que provee códigos de conducta, la identidad es un determinante del comportamiento estratégico y, por ende, es relevante para la coordinación y la motivación. Como las personas forman su identidad a través de la socialización e internalización de pautas culturales, puede decirse que la identidad es el formato o modelo que el individuo utiliza para organizarse a sí mismo. Ese formato de organización de la conducta individual se modela en base a pautas culturales y estas forman parte del software, de manera que parte del software –de las reglas de juego– está directamente incorporado en las personas a través de la identidad. Esta conclusión refuerza la hipótesis de que al analizar el software es necesario considerar no sólo las instituciones formales sino, también, las informales aportadas por la cultura. De más está aclarar que el software sólo toma en cuenta las pautas culturales relevantes para la economía. Si la identidad se deja de lado, las predicciones de un modelo económico pueden ser muy erradas. Una persona puede tener gran capacidad física y estar bien educada pero decidir no participar de las tareas productivas por razones religiosas o, incluso, cuestionar las reglas de juego en vigencia por tener una visión, digamos, pesimista de la vida social. Por otro lado, la persona podría tener capacidades suficientes para participar en una cierta actividad económica y desear hacerlo, pero ser discriminada debido a su género o al grupo étnico al que pertenece: quienes participan en las tareas de cooperación son, antes que nada, personas que siguen determinadas estrategias y que, al decidir, evalúan cuál es la estrategia que esperan del otro. Por ejemplo, aun poseyendo calificación suficiente, es probable que una persona ni siquiera se presente para competir por una vacante si sabe que la empresa que ofrece el trabajo la discriminar