1 Autor: Emmanuel Adriel Aragón Rodríguez 2 Introducción Este libro reúne palabras que nacieron de sentimientos difíciles de explicar: querer a alguien, ilusionarse, extrañar y aprender a aceptar que no todas las historias terminan como uno espera. — Emmanuel Adriel Aragón Rodríguez “Llegaste cuando no quería a nadie” habla de abrir el corazón cuando parecía cerrado y de encontrar la fuerza para seguir adelante cuando alguien se marcha. Si algún verso se parece a algo que has sentido, entonces estas páginas habrán encontrado a quien necesitaban llegar. Cada poema guarda un momento distinto: una esperanza, un recuerdo, una despedida o una pregunta que se quedó sin respuesta. No están escritos para dar una lección perfecta, sino para poner en palabras aquello que a veces cuesta decir en voz alta. 3 1. Donde sí me amas Te tengo cuando ríes y me miras, como si yo fuera lo que buscabas; cuando te duermes y, sin decir nada, tu respiración me dice que descansabas. Te tengo cuando dices mi nombre, despacito, como un secreto entre los dos; en mis brazos se nos pierde la distancia, y en mis labios no existe el adiós. Te tengo entera, sin dudas ni temores, y por un instante todo parece verdad; pero despierto y se apagan los colores: nunca fue tuyo mi lugar. Duele saber que nunca me miraste así, que tu amor no se quedó junto a mí; solo me amas en el sueño que inventé, en ese mundo donde sí te encontré. 4 2. El que se quedó Te fuiste sin mirar atrás, sin despedida ni explicación; dejaste frío en mi ventana y un invierno en el corazón. Yo sigo aquí, en aquel lugar donde juraste que me amarías; me cuesta dejar de esperar la risa que antes me ofrecías. Tú te marchaste con el viento, yo me quedé con lo que fui; tú te llevaste aquel momento, yo guardé lo que sentí. 5 3. Tarde Llegaste tarde a mi querer, cuando ya me costaba creer; cuando aprendí, sin hacer ruido, a andar a solas y herido. Me enseñaste de nuevo a soñar, a ver la mañana brillar; y justo cuando al cielo volé, te fuiste y de nuevo caí. Me diste razones para confiar, me hiciste otra vez imaginar; pero tu adiós llegó de repente y dejó mi invierno presente. 6 4. Tu nombre Borrar tu nombre no he podido, aunque lo intento cada día; lo llevo en el pecho escondido, como una triste melodía. Se asoma en el café temprano, en cada canción que termina; en el recuerdo de tu mano y en la noche que se hace larga y fría. Quisiera dejarte en el pasado, que el tiempo te llevara de mí; pero tu nombre, tan callado, sigue viviendo dentro de mí. 7 5. Nosotros Fuimos fuego, fuimos calma, tempestad y primavera; fuimos el latir de un alma que creyó que eras sincera. Fuimos todo por un rato, fuimos sueños compartidos; hoy recojo los pedazos de los planes que se han ido. Te llevaste mi mirada, mi confianza y mi ilusión; y quedó la madrugada preguntándole al corazón. 8 6. Mentira Dijiste «siempre» frente a mí, y yo te quise creer; no vi la duda que escondías, ni el final que iba a doler. Ahora mi corazón comprende lo que no quise aceptar: no todo fuego que se enciende tiene intención de durar. Lo nuestro fue una llama breve, un destello y nada más; yo esperaba que no lloviera, tú ya mirabas hacia atrás. 9 7. La foto Aún conservo tu fotografía, tu sonrisa guardada en papel; la miro cuando termina el día y recuerdo lo que soñé con él. Ya no me regala alegría como antes, al verla pasar; ahora trae melancolía por lo que no pudo durar. La guardo sin querer volver, sin pedirle al tiempo otra oportunidad; hay recuerdos que cuesta perder, aunque aprendamos a soltar. 10 8. Otro Te veo reír ahora con otro, con una luz que no vi junto a mí; y aunque me duela mirar de lejos, voy comprendiendo lo que no entendí. Con él compartes lo que escondías, con él parece fácil hablar; yo imaginaba que algún día también me ibas a elegir, sin dudar. Tal vez no era yo tu destino, tal vez no podía ser nuestro el camino; fui una parada en tu vida fugaz, y hoy me toca aprender a mirar hacia atrás. 11 9. Olvido Quisiera aprender a olvidarte, como tú te olvidaste de mí; dejar de buscarte en todas partes, dejar de esperarte aquí. Pero echaste raíces en mi pecho, te quedaste en cada rincón; y aunque sé que no es un buen techo, aún te guarda mi corazón. Tal vez el tiempo, despacito, me enseñe a dejarte partir; y aquel recuerdo, antes infinito, un día no duela al vivir. 12 10. Mensaje no enviado Te escribí «te extraño» a las tres, pero el mensaje nunca salió; lo redacté una y otra vez, con todo aquello que me calló. Me dolió más lo que no dije que tu manera de partir; guardé palabras en un mensaje que no te atreviste a recibir. La pantalla quedó encendida, mi orgullo no me dejó enviar; y entre el silencio y la despedida, aprendí también a callar. 13 11. Costumbre No eras amor: eras costumbre, una luz cansada de alumbrar; una sombra bajo la lumbre, un sitio al que solía regresar. Hoy comprendo, al mirar atrás, que puedo respirar sin tu calor; que no eras mi luz ni mi paz, sino un viejo y conocido dolor. No todo lo que extrañamos nos hace bien al corazón; a veces solo recordamos lo que fue hábito, no amor. 14 12. Silencio Tu silencio fue la condena, más duro que la despedida; no hubo palabras ni escena, solo una puerta de salida. Dejaste preguntas abiertas, promesas sin terminar; y aunque las noches estén desiertas, ya no te voy a suplicar. De aquella historia queda la pena, una ilusión que se perdió; pero hasta la tristeza más llena cede cuando se marcha el dolor. 15 13. Donde no estás Te busco donde ya no estás, en canciones y en esquinas; en lugares por los que no pasarás, en noches largas y frías. Y aunque sé que no volverás, mi corazón aún te imagina; te espera donde no estás, como una luz que se termina. Tal vez un día deje de buscar tu sombra en cada lugar; y aprenda, sin mirar atrás, que también puedo continuar. 16 14. Llegaste cuando no quería a nadie Llegaste cuando no quería a nadie, cuando cerré mi corazón; cuando juré no amar a nadie por miedo a otra decepción. Sin pedir permiso hablaste, con una ternura inesperada; me trataste como imaginaste que merecía ser tratada mi alma. Me enamoraste lentamente, sin promesas ni presión; y volví a soñar, de repente, que aún podía existir el amor. Pero tú ya tenías tu camino, otra historia, otro lugar; yo solo fui parte del destino que no te ibas a quedar. Un día te fuiste sin decir adiós, y el silencio respondió por los dos; nunca supe más de tu vida, pero guardé tu huella escondida. 17 15. Tu amigo Decías que yo era tu amigo, aunque apenas nos conocíamos; y aun así encontré abrigo en las charlas que compartíamos. No sé si te gusté alguna vez, nunca lo dijiste con claridad; yo me fui acercando sin querer, tú quizá solo ofrecías amistad. Me aprendí tu risa y tu mirada, tus gestos, tu forma de hablar; y mientras yo soñaba con nada, tú no prometiste más que estar. Si algún día vuelves a mi vida, no sé qué vaya a suceder; por ahora cierro la herida y aprendo a dejarte ser. 18 16. Dijiste que sentiste algo Dijiste que sentiste algo, y pude al fin respirar; después de tanto tiempo amargo, creí que podía comenzar. Tu voz me devolvió la calma, tu «sí» me hizo imaginar que tal vez, juntando las almas, nos podríamos intentar. Pero después pediste distancia, que cada quien siguiera su camino; se deshizo aquella esperanza y cambió de rumbo mi destino. ¿Por qué decir que sentías algo si no lo querías intentar? ¿Por qué abrirme una ventana si luego la ibas a cerrar? Entonces supe lo que pasaba: había alguien más en tu corazón; yo confundí lo que me dabas con la promesa de un amor. Me dijiste que sentías, después me pediste partir; ¿para qué encender mis días si no pensabas quedarte aquí? 19 Fin ■ No todas las cosas salen como esperamos. Hay situaciones que no podemos cambiar, por más que quisiéramos; pero sí podemos aprender de ellas, crecer y transformar poco a poco la manera en que seguimos adelante. — Emmanuel Adriel Aragón Rodríguez Gracias por leer estas palabras y por acompañarme en una parte de lo que llevo dentro. A veces algo nos duele más de lo que sabemos explicar, y está bien reconocerlo. No todo se supera de un día para otro, ni tenemos que fingir que ya no sentimos. Hay recuerdos que permanecen y personas que dejan una huella, incluso cuando la historia no termina como imaginábamos. Quizá no podamos cambiar lo que pasó, pero podemos decidir qué hacemos con lo que aprendimos. Y aunque hoy todavía duela, algún día podremos mirar atrás con más calma, entendiendo que sentir profundamente también forma parte de nuestra historia. 1 Fin ■ ■ Emmanuel Adriel Aragón Rodríguez No todas las cosas salen como esperamos. Hay cosas que no podemos cambiar, pero sí podemos transformar lo que aprendemos de ellas. Tal vez no podamos superar algunas cosas, y es normal. Yo tampoco he podido, y eso es lo que más duele. En mi caso, he aprendido a vivir con ello, aunque todavía duela. Porque, aunque duela, también se aprende. Se siente, se vive y, poco a poco, se encuentra la manera de continuar. Y si tú estás pasando por algo parecido, no te voy a decir que lo olvides, que lo superes de un día para otro o que dejes de sentir. Solo te digo algo: sigue adelante. No porque ya no duela, sino porque, incluso con ese dolor, todavía te queda mucho por vivir. Gracias por leer mi libro.